Con Acento Poét.

  Enfermería

  ERE

  Evangelismo

  Misión Urbana

T por una Sonrisa

  Visita a los asilos

  Álbum de Fotos

  Arqueología

  Artículos

  Entrevistas

  Forwards

  Locura General

  Reportajes

  Testimonios

  Enlaces

Inicio


La edad de la inocencia


-¡Ya sé cómo ha sido!, me espetó en la cara nada más cruzar de acera (el día anterior, se había enterado del embarazo de su madre).

Por aquel entonces, mi amiga y yo, teníamos 12 años repartidos por todo el cuerpo, 9 granos en la frente, la regla sin dar señales de vida y la inocencia intacta.

-¡Dímelo, dímelo, por favor, dímelo!
-Pues mira, de la peor manera posible: mi madre se ha quedado embarazada sin darse cuenta.
-¿Eso es posible?
-¿Cómo justificas entonces la bronca que le ha echado mi padre? Si mi padre se ha puesto así con ella es por algo, ¿no?
-Si tú lo dices..., claro.

2

 

 

-Es que nosotras estamos muy atrasadas en estas cosas y tenemos que tener cuidado. Lo mismo el simple beso de un muchacho en la boca es suficiente para quedarnos preñadas, o un roce, o un abrazo, ¡yo qué sé!, pero te juro que ni mi madre ni mi padre saben cómo ha sido, por eso se pasan el día discutiendo, averiguando la causa. Dicen que con dos hijos ya tenían bastante.
-Pues yo no pienso casarme, tía, para andar con esos sustos...
-¡Mira la lista!, ni yo tampoco.

Con la cara desencajada por la conversación llegamos al colegio.

Es curioso, siempre confié en las enseñanzas de mi amiga porque, además de ser varios meses mayor que yo, la consideraba más espabilada, así que ¿para qué íbamos a investigar? Además, por aquel tiempo, no le podíamos hablar a los adultos de esos temas, te podían dejar sin dientes. Así que no hablamos más hasta que, un tiempo después, las monjas nos pusieron unas filminas para explicarnos la reproducción humana. Durante el rato que duró la clase, mi amiga se quedó sin uñas y yo no sabía para donde mirar.

Es justo reconocer que después de conocer cuáles eran las verdaderas razones para que se produjera un embarazo (sin que hubiera que eliminar ni besos ni roces), me sentí más persona, más mujer, más segura de mi misma, más adulta, y con unas ganas tremendas de enseñar a otras amigas de fuera del colegio lo que había aprendido ese día.

Me pregunto ahora, cuántas veces en nuestra relación de familia, con los amigos, con los compañeros de trabajo, creemos que el motivo de algún suceso es, como decía mi amiga, culpa de un beso, de un roce, de un no darse cuenta...

Me pregunto si, en otro ambiente, por ejemplo en la iglesia, somos capaces de discernir entre simples cristales que brillan de manera impactante y los diamantes de verdad. Si nos conformamos con lo primero que nos dicen y no buscamos a fondo la verdad. Si las explicaciones son humanas o divinas. Si están apoyadas o no en las Escrituras.

Me pregunto si consideramos que todavía, muchos de nosotros, estamos en la edad de la inocencia.

 

Publicado en:
Protestante Digital


    -Indice de artículos de Isabel Pavón
    -Indice general de artículos

Isabel Pavón.
© SentirCristiano.com

Quiénes somos      Contacto      Preguntas Frecuentes