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Administración de lotería eclesial


Estamos acostumbrados a que, familiares, compañeros de trabajo y amigos, nos inviten a participar con ellos en los juegos de azar: lotería, primitiva, cupones, bingo, máquinas tragaperras, rifas... Cada uno de ellos ofrece un premio diferente.

Uno juega si quiere y si no, no pasa nada, pero no deja de ser una tentación al alcance de la mano.

La Navidad se acerca y, con ella, dos premios importantes de lotería. El azar tiene su atractivo, su expectación... Y ahora, con la crisis, más.

Para más gastos, en esta época también los estudiantes venden (bueno, los que  terminan vendiendo son los padres) sus lotes variados de mantecados, bombones y turrones. Así, ahorran dinero para el viaje de fin de curso que harán en junio-julio o cuando lo vean oportuno.



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Muchos cristianos presumimos de no hacer gastos superfluos, de no comprar lotería, de no haber entrado jamás a un bingo desde el día de nuestra conversión. Alardeamos de no tener puesto nuestro tesoro aquí en la tierra sino en el cielo y decimos, alto y claro, que nuestro corazón no está en los bienes materiales. ¡Un “olé” a nuestra valentía y decisión!

Sin embargo, creo que tenemos que poner en práctica ese mismo arrojo cuando, dentro del templo, en la propia iglesia, nos ofrezcan boletos del mismo tamaño que los décimos de lotería con peticiones de oración en las primeras líneas y con peticiones de dinero de manera camuflada en las últimas, como quien no quiere la cosa, como que el dinero es lo que menos importa.

Este es el juego que se permite en algunas iglesias, siempre y cuando el nombre del Señor y la petición de oración por alguna buena causa vaya explícito.

A esto es a lo que yo llamo meter en la “lotería eclesial”, la que sí se ve bien entre los fieles,  la que vende el hermano o la hermana con cara compungida por los bancos de la iglesia, con el número de cuenta en el reverso, o con el nombre completo de la persona encargada de recoger el dinero.

Compre usted los décimos que quiera. A mi entender hay proyectos que, anunciados en nombre de Dios, son la mar de sospechosos. Este tipo de peticiones son como los juegos de azar. Quizás no se entere nunca de si verdaderamente para lo que piden es la voluntad del Señor o están jugando con la voluntad e inocencia de usted para gestionar planes personales.

Avisado queda: No aparece el día del sorteo, aunque sí consta la fecha límite de ingreso.

Publicación en otros medios:
Protestante Digital



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Isabel Pavón.
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