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Zósima, espíritu de superación

Mi reto propuesto fue buscar una persona que, a pesar de su minusvalía, se sintiera realizada y fuese un ejemplo para los demás.



A mi amiga Trini Carrera le regalaron una cámara de fotos de esas que plasma la realidad de manera asombrosa. Como es muy inquieta, a cada amiga nos propuso un desafío: pedirle algo y ella, fuese lo que fuese, conseguiría fotografiarlo. El mío fue buscar una persona que, a pesar de su minusvalía, se sintiera realizada y fuese un ejemplo para los demás. A su vez le prometí escribir algo sobre el tema. Pocos días después recibí este mensaje y la foto que pueden ver:


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Hola, Isabel. Ya tengo tu reto. Esta mañana he conocido a Zósima y he estado hablando con ella. Me la presentó nuestra amiga Encarni Sánchez. Ayuda a su hermana en una tienda de ropa situada en la Colonia Santa Inés. Zósima fue muy amable al contarme su vida y dejarse fotografiar. Nos dijo que nació en 1949. Tenia nueve años cuando contrajo la polio. En aquél tiempo vivía en el campo con su familia. Sus padres eran campesinos y la dejaban al cuidado de su hermana. No se podía mover, necesitaba que la ayudaran en todo.

A pesar de su minusvalía, fue una niña con inquietudes. Quería aprender. Un maestro iba a su casa dos veces en semana para darle clase a su hermana, así fue como ella también aprendió a leer.

Su padre entendió que continuar viviendo en el campo no ayudaría mucho a sus hijas y decidió trasladarse al pueblo, Villanueva de Algaida. Allí, el sacristán le daba clases a otra niña con el mismo problema de Zósima y sus padres le pidieron que también le enseñara a ella. Eran personas muy adelantadas a su tiempo y nunca trataron a la niña de manera diferente a las demás.

Investigaron las posibilidades de curación que tenía su hija y la internaron en el sanatorio San Juan de Dios de Sevilla. Fue operada dos veces sin mucho éxito. Zósima no pudo abandonar su silla de ruedas.

A los dieciséis años regresó con sus padres y juntos se instalaron en Málaga, donde compraron un terreno en la finca de La Palma en La Colonia Santa Inés, con el ánimo de encontrar más comodidad para ella.

Ha pasado el tiempo. En la actualidad Zósima vive con su hermana que continúa ayudándola en todo. Comenta que nunca se ha sentido rechazada, que siempre tuvo amigas, que cuando de pequeña jugaban a la comba, era ella quien cogía la cuerda y las demás niñas estaban encantadas.

Explica esta mujer que antes encontraba barreras arquitectónicas para acceder a algunas zonas y edificios pero que, poco a poco, van desapareciendo. No obstante, reconoce que, quizás, por falta de empatía de parte de los constructores, todavía quedan lugares cuyo acceso le resulta difícil.

Este es el mensaje que Trini me envió para que yo escribiese algo. Sin embargo, poco tengo que añadir a su información. El trabajo es suyo. El ejemplo de superación, de Zósima. De ella tenemos mucho que aprender. Es necesario que se conozcan vivencias así para, por ejemplo, no pasar el día lamentando tonterías.

 

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Isabel Pavón.
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