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Yo más que tú


Conformémonos con amor y paciencia en dar testimonio de lo que creemos para que otros conozcan a aquel en quien hemos puesto la mirada.

 

Hay cristianos evangélicos que suelen tener una práctica irrespetuosa cuando algún amigo o familiar no quiere aceptar la invitación de ir a la iglesia. Se enfadan o retiran la palabra. Al menor contratiempo aparecen las rupturas con los que no comparten nuestra fe. Da la impresión de que nos consideramos por encima de ellos. Es verdad que en general tenemos más práctica con la lectura de las escrituras y nos conocemos los versículos de memoria. Es verdad que creemos en la salvación por fe, en la muerte y resurrección del Señor. Es verdad que nuestra liturgia es menos monótona (esto es un decir).


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Jamie King / unsplash

A veces no acudimos a sus actos conmemorativos como bodas, comuniones, misas de funerales porque no creemos en sus maneras y perdemos la oportunidad de dar testimonio. 

Esto lo escribo porque en ocasiones he oído quejas de católicos. Entiendo que el testimonio no es bueno pues se sienten despreciados y ven al evangélico como soberbio, dominante e intransigente. Todo lo contrario de lo que debemos pretender.

Nosotros no podemos convertir a nadie, es el Espíritu Santo quien actúa en las personas y son las personas las que tienen que sentir necesidad de Dios y saberse pecadoras. Son las personas las que tienen que hacer uso de su libertad, como hicimos nosotros en el pasado. Conformémonos con amor y paciencia en dar testimonio de lo que creemos para que otros conozcan a aquel en quien hemos puesto la mirada.

Creo que es un antitestimonio cortar los lazos familiares y de amistad por razón de fe ya que no volveremos a tener oportunidad de contactar para hablarles de Jesús y, por otro lado, dejamos aflorar nuestra prepotencia y nuestro "yo más que tú", algo muy diferente a como actuó Jesús.

Recordemos que, como nosotros, Naamán sabía en quien había creído después de ser sanado por Eliseo. No obstante esto fue lo que le propuso al profeta tras su conversión: 

En ese caso permite que me lleve dos cargas de mula de tierra de Israel; porque este servidor tuyo no volverá a ofrecer holocaustos ni sacrificios a otros dioses, sino al Señor. Solamente ruego al Señor que me perdone una cosa: que cuando mi soberano vaya a adorar al templo de Rimón, y se apoye en mi brazo, y yo tenga que arrodillarme en ese templo, que el Señor me lo perdone.

A partir del milagro de su curación, Naamán promete que no adoraría a otros dioses, pero se arrodillaría en el templo de Rimón por respeto a su soberano y a la ayuda que de él precisaba. A veces hacemos más bien que mal dejando las cosas claras sin llegar a romper relaciones.


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Isabel Pavón.
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