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Violeta

¡Qué bueno es bendecir, decir palabras buenas de los demás incluso cuando no están escuchando y no podemos anotarnos ningún punto a favor!

Hace tiempo que Violeta tuvo que marcharse a vivir fuera de Málaga y la última vez que regresó con vacaciones nos trajo lo mejor. Alzó su voz en medio de la asamblea y en lugar de hablar de sí misma, como le habían solicitado, comenzó una hermosa semblanza sobre algunas personas que eran luz en su camino. Hombres, mujeres que le son testimonio y fuerza y que dejaron de ser anónimas para los que estábamos presentes.

¡Qué bueno es bendecir, decir palabras buenas de los demás incluso cuando no están escuchando y no podemos anotarnos ningún punto a favor! Y digo sin que estén presentes porque demuestra que ella no llevaba segundas intenciones.

Cuatro paredes me transforman

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String Art Heart / Personal Creations (Flickr - CC BY 2.0)

¡Qué bueno es elogiar, alabar, resaltar el poder de Dios en las vidas de los que se tienen cerca y alentar a seguir en la senda a la vez que se les reconoce que forman parte del Cuerpo!

¡Qué bueno es tomar de la mano al que trabaja entre bambalinas y sacarlo al escenario! Me pareció un gesto muy hermoso. Sí, me emocionó. Es un don generoso admitir que somos muchos, que vivimos para Cristo y que esa vida se demuestra en el comportamiento, no en pura teoría. Me conmovieron sus lágrimas. Me asombró la sencillez de sus maneras, ese deseo de ceder el paso, traerlos de diferentes lugares y mostrarlos donde nadie les conocía. Hay personas inmaduras que estarían convencidas de que hablar, como hizo ella, sería envanecer al otro. No pienso así.

Hoy quiero ser yo quien hable de Violeta, de su entrega al Señor, de su despojarse de sí misma y ocuparse de las buenas cualidades de quienes se han dado a querer y son una bendición, incluso sin saberlo.

Violeta es joven, hermosa, madre de dos hijos y está comprometida con la fe desde los diecisiete años, edad que recuerda con cierta tristeza y mucha necesidad de paz y esperanza. Esta paz la observó en la persona del pastor la primera vez que sus tíos la llevaron a una iglesia evangélica por Navidad. Su conversión fue un proceso de resistencia a Dios, de buscar en la Biblia motivos para intentar confirmar que sus familiares estaban equivocados y mentían. Pero fue Dios, a través de su Palabra, quien la fue convenciendo de la verdad.

Violeta es sal que sala al prójimo para que pueda ser saboreado. Violeta es luz que saca a relucir con su lámpara a los demás para que sean conocidos. Ella ha comprendido el mensaje de renunciar a sí misma. Ha entendido que los dones que el Señor le ha regalado son para ponerlos a disposición y que si para el mundo somos burla, no debe ser así entre los creyentes.

Violeta demuestra con sus actos la carencia de envidia, pues vivir en comunidad es un regalo especial que Dios nos ha otorgado. Honrar a los que nos rodean, disfrutarlos, bien tratarlos, ver en ellos a Jesús y convertirlos en himnos de amor. Y eso es también Violeta, un himno de amor que revela a sus hermanos.

Según entiendo, actuar así es lo natural en el compendio de fraternidad. Es elegir el camino de la negación. Enaltecer es un hecho que hay que hacer visible, no tener miedo a reconocer lo bueno. Debe verse y somos nosotros los que tenemos esa misión. Porque lo normal es querer sacar partido del espacio de tiempo que le pertenece a los otros y lo común es anular a los otros para sacar partido propio.

Violeta, más que ponerse como ejemplo, puso como ejemplo a sus amigos. Dio testimonio de ellos. Repartió gracia. Ve a Jesús en los que la rodean. Y lo hace con total naturalidad, sin celos, odio u ambición. Reconoce que el Reino de Dios se encarna también fuera de uno mismo.

No sé si estas personas que ensalzó durante los minutos que le concedieron para hablar de sí misma*, a su vez hablarán de ella. No lo sé. Pero puedo imaginar que sí. Sin embargo, por si acaso, queda escrito.

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*Aclaro para evitar susceptibilidades que hacer uso del tiempo personal que se nos otorga no es algo que esté mal, pero ¿os imagináis una reunión en la que cada cual se levantara y hablara de las cualidades de uno o dos de los allí presentes o ausentes? Al fin y al cabo, es por el testimonio de unos por lo que otros creen y se comprometen.

 

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Isabel Pavón.
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