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Un préstamo no es un regalo


Hay quien se cree el ombligo del mundo, que todo lo que está al alcance de su mano es un regalo que le pertenece.

Hace años conocí a un chico que tenía la costumbre de llevarse algo de recuerdo cuando salía de la casa de algún amigo al que había ido a visitar.

Como se presentaba por sorpresa, no daba tiempo a quitar de en medio las cosas que se apreciaban. Al tiempo de marcharse decía: "me llevo esto como recuerdo del día de hoy".

También se llevaba puesto el almuerzo, la merienda, o la cena, según fuese la hora.

Hay quien se cree el ombligo del mundo, que todo lo que está al alcance de su mano es un regalo que le pertenece.

Un préstamo no es un regalo

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También los hay que te piden alguna cosa prestada, y se quedan con ella para toda la vida a no ser que pases el apuro de ir a pedírselas, te obligan a pasar toda la fatiguita del mundo mundial al ir a reclamárselo, poniéndote rojo como un tomate, sudando la gota gorda, como si una fuera la que está pidiendo el favor.

Vamos que si por ejemplo firmas un aval para sacar a alguien de apuros, se lo toman como que le haces un regalo certificado con tu firma; o simplemente prestas un paraguas al invitado de turno, y se queda con él porque como no has ido al día siguiente a recogerlo a su casa...; o das un paquete de pañuelos a tu amiga que estornuda, va y saca uno, te da las gracias, y se guarda los que quedan en el bolso.

A ver ¿Quién no ha prestado alguna vez un bolígrafo, un abanico, un jersey, unos pendientes, un libro dedicado por su autor, unos euros en un momento de aprieto, y tragando saliva ha visto cómo lo perdía para siempre?

¿Quién no ha sacado copias de fotos que le han pedido y luego no han pagado? ¿Quién no ha ido de excursión y a media mañana le ha ofrecido a un amigo dar un mordisco a su manzana, o al bocadillo que se estaba comiendo, y se ha arrepentido de no quedarse con el bocado al ver lo que le ha devuelto? Sobre todo cuando ese amigo, saca luego su comida y dice con descaro que no puede ofrecerte ofrece nada porque tiene un apetito...

Un préstamo no es un regalo. Lo que yo doy, me doy el gusto de darlo para siempre. Lo que presto, sólo lo comparto temporalmente.

Que se dejen de abusos los que piensan eso de: "Lo mío es mío y lo tuyo de los dos".

Que sí, que ya sabemos que es mejor bendición dar que recibir, eso está claro, pero como no podemos darlo todo, lo mejor es no confundirse: si se da, se da; si se presta, se presta; y hay que devolverlo, ¿o qué?

 


Publicación en otros medios:
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Isabel Pavón.
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