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Tan sólo un cargo


Cuando el neófito Prudencio le preguntó a su pastor Santiago y Cierra España por qué las mujeres de su iglesia se mantenían al margen de lo que en ella pudiera ocurrir, éste le contestó que no estaban preparadas para asumir cargos y continuó feliz con su merienda.

—¿Ninguno? —preguntó absorto el neófito Prudencio— ¿Cómo es eso?

—Ninguno. Bueno, si acaso nada más les permitimos acceder a uno y ya es mucho ¡eh!, ya es mucho.

—¿A cuál?, si no es mucho preguntar.

 

 	¡Cuidado con los piropos!

2

 

—No sabía que eras tan curioso, ¡hombre!, ni tan preguntón.

—¿Y eso de que la mujer no pueda servir con sus dones en la iglesia está bien?— continuó el neófito mirándole fijamente a los ojos— ¿Está seguro?

—Mientras ellas lo consientan todo va como la seda y hasta ahora no han abierto la boca ni para decir mú, jajajaja. —las carcajadas de Santiago y Cierra España se oyeron con eco.

—Entonces, cuando en sus predicaciones habla de ejercer los ministerios que el Señor nos otorga, ¿no está pensando en ellas? ¿ sólo tiene en mente a los varones?

——Oye, Prudencio, —dijo pasándole el brazo amigablemente por los hombros— a día de hoy, pocos ministerios pueden ejercer las mujeres, te lo aseguro, no se enteran de nada, créeme, por eso necesitan dos cabezas, la propia y la del marido si es que tienen la suerte de estar casadas. A ellas hay que darles algunas tareas entretenidas para evitar protestas, para que continúen siendo sumisas, para que no dejen de aportar la parte de los ingresos que yo les exijo, para que se crean parte del Cuerpo aunque no lo sean en plenitud; contarles algún chiste de vez en cuando para que se rían y aplaudirles con fruición cuando anuncien alguna idea que, como todos sabemos, jamás se llevará a cabo, ¡válgame Dios!, si se les diera poder, si se les animara, lo acapararían todo.

—Es penoso lo que me comenta, pero... ¿no se les podría enseñar?

—¿Enseñar? ¿Enseñar has dicho? ¡Tú estás loco! No está bien acercarse a una mujer. Son ellas las que tienen que instruirse mutuamente, está escrito en Tito y la Biblia es sagrada, las mas viejas que guíen a las más jóvenes. Imagínate lo que puede surgir entre un hombre que ilumina y una mujer con deseos de aprender. ¡Vamos, Prudencio!, ¡ahí puede suceder cualquier cosa y ninguna conveniente! Te podría decir que me pareces tonto, pero para no ser irrespetuoso te diré que eres ingenuo. Oye, si no te vas a tomar el café dímelo antes de que se enfríe del todo.

—¡Cómo no! Puede tomárselo si quiere, es suyo. Yo pensaba que..., que ese versículo se refería a otros temas. Además, en la iglesia el pastor debe ejercer su servicio con todos, ya sean hombres o mujeres, ¿o sólo es con los hombres que...

Santiago y Cierra España interrumpió la frase, apagó de manera radical la mecha que comenzaba a encenderse en Prudencio y continuó hablando.

—Mira, déjate de pensar tanto pues eso no te trae nada bueno. Entre un hombre y una mujer pueden pasar muchas cosas si entablan una conversación, no es como con nosotros. —mientras decía esto, alargó la mano y cogió el dónut del plato de Prudencio.

—Si no es mucho pedir, permítame pensar un poco más y luego ya lo dejo.

—A ver, a ver por donde me vas a salir ahora, cabeza de chorlito. Contigo todo son preguntas.

—Verá usted, Santiago y Cierra España, con respeto le digo que realmente no me cuadra su explicación. Si suponemos que lo que me dice sobre las mujeres es verdad, yo tengo serias dudas. Si me afirma que son ignorantes, que no se enteran de nada, ¿cómo podrán enseñarse unas a otras? ¿qué se pueden enseñar si, según usted, no saben?, ¿no habrá que enseñarles primero?

—Atiende —sugirió lentamente, rascándose la cabeza al tiempo que, cabizbaja, la bamboleaba lentamente de izquierda a derecha como si se tratase del péndulo de un reloj antiguo— todo el meollo está en el peligro que tiene el contacto, amigo Prudencio. Hay que evitarlo. Son portadoras de las tentaciones más salvajes. Jamás de los jamases tengas contacto con ellas dentro de la iglesia. A una mujer tú le das la mano y te cogen el brazo entero. Fuera, en la calle, ya es otro cantar, pero dentro aleja todo contacto, que corra el aire.

Prudencio se animó de nuevo.

—Antes me dijo que la mujer sólo puede ejercer un cargo y, aunque le pregunté de cual se trataba, no me respondió.

—Sí, para tenerlas bien dominadas y agazapaditas sólo le permitimos tener uno, además es bien pesado, se trata de "El Cargo de Conciencia". Ese, quieran o no, se lo regalamos a todas, jajaja. Subliminalmente procuramos hacerlas culpables de cualquier cosa, desde la caída de Adán en el Paraíso, hasta las catástrofes más duras que se pronostican en el Apocalipsis. ¡Culpables sea lo que sea! Prudencio. Es más... Prudencio, atiéndeme, mírame. Prudencio, detente, ¿adónde vas? ¡Prudencio!, ¿Pruden? ¡Será posible! ¿Te vas sin pagar siquiera lo que te has comido?

 

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Isabel Pavón.
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