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Sesli, igualdad sin maltrato

Fueron muchas, muchas las que se unieron a tal fin hasta que consiguieron conquistar la igualdad sin maltrato.

Después de años resistiendo la agresión del género opuesto, Sesli decidió salir con un grupo de amigas para ocupar sus derechos.

Durante un tiempo se alejaron de sus familias y de un pueblo despojado de la mitad de sus bienes, pues a las mujeres no les estaba permitido aportar inteligencia. Fueron acusadas de desertoras y algunas linchadas antes de emprender la lucha. Otras se rindieron antes de dar el primer paso. Sólo Sesli y unas cuantas se aferraron a la idea de poseer equidad y traerla a su región. Para lograr este objetivo usaron palabras sabias y ecuánimes que habían sido escritas en los orígenes del tiempo. No obstante, vivieron agresiones a cada paso y no se rindieron. Sesli y las que la seguían habían parido hijas y cuando la desidia, el abatimiento y las heridas les hacían flaquear, cerraban los ojos y pronunciaban sus nombres: Amea, Lisae, Cela, Casia, Nacie, Lestina, Oruna... Ellas serían las beneficiadas de tan importante victoria. Eran su fuerza. Los varones enviaban emisarios para intentar advertirlas del fracaso. Les robaron los bienes materiales, aunque no el fin que las impulsaba. Portaban amenazas graves, como encarcelar a las niñas si no se rendían. Sesli y sus amigas no sesgaron sus propósitos y continuaron. Se habían propuesto sembrar el concepto de igualdad sin maltrato por los campos propios y ajenos.

Entre todos la mataron...

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Igualdad / Bahaius (Flickr - CC BY-NC 2.0)

Vinieron años de sequía y las semillas del compromiso no brotaron. Volvieron a intentarlo una y otra vez, a veces entre arenas desérticas, a veces junto a la ribera de los ríos. Cuando parecía que la conquista estaba cerca, las malas hierbas ahogaban las semillas tiernas. En ocasiones las bestias, incapaces de saber valorar su verdadero fin, las arrancaban. Fueron muchos los momentos de tristeza, desasosiego y lágrimas, pero cada vez que cerraban sus párpados, el nombre de sus hijas aparecía y una vez más levantaban el ánimo.

Dicen que las primeras semillas lograron germinar en la tierra de descanso de sus antepasados. Pocos hombres acudían al lugar y los que lo hacían no percibieron los retoños. Las flores aparecieron con la primavera, las simientes fueron esparcidas por el viento y los insectos que, ajenos a la verdadera conquista, ayudaban sin saberlo. Esta historia necesitó muchos años para forjarse. Sesli y sus compañeras murieron, más cada una de sus hijas ocuparon sus huecos, y las hijas de estas y las de estas otras, hasta que afloró una nueva generación que avanzó a pasos agigantados.

Fueron muchas, muchas las que se unieron a tal fin hasta que consiguieron conquistar la igualdad sin maltrato. Todas ellas pueden optar hoy a sentarse en el estrado del respeto, convencidas de que nadie podrá robarles el premio de su esfuerzo.

 

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Isabel Pavón.
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