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Sembrador de cizaña


La cizaña no es una persona. No viene sola a camuflarse, alguien la trae. Es la maleza que causa una persona en el campo personal de otra.



Jesús les contó esta otra parábola: “El reino de los cielos puede compararse a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras todos estaban durmiendo, llegó un enemigo que sembró mala hierba entre el trigo, y se fue. Cuando creció el trigo y se formó la espiga, apareció también la mala hierba. Entonces los labradores fueron a decirle al dueño: ‘Señor, si la semilla que sembraste en el campo era buena, ¿cómo es que ha salido mala hierba?’ El dueño les dijo: ‘Un enemigo ha hecho esto.’ Los labradores le preguntaron: ‘¿Quieres que vayamos a arrancar la mala hierba?’ Pero él les dijo: ‘No, porque al arrancar la mala hierba podéis arrancar también el trigo. Es mejor dejarlos crecer juntos, hasta la siega; entonces mandaré a los segadores a recoger primero la mala hierba y atarla en manojos, para quemarla, y que luego guarden el trigo en mi granero.’ ”
Mt 13, 24-30.

Claudia Prócula, esposa de Pilato

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Ba-ra-gan! / Serban Dumitrescu (Flickr - CC BY-NC-SA 2.0)

No necesita el trigo crecer entre la cizaña sino la cizaña entre el trigo. Se camufla entre la buena semilla y se dispersa. Echa raíces y suele ser tóxica. 

La cizaña no es una persona. No viene sola a camuflarse, alguien la trae. 

Es la maleza que causa una persona en el campo personal de otra. El mal que esa persona trae consigo con el propósito de esparcirla y hacer daño, echar a perder el fruto de otro, dificultar su trabajo en el tiempo de la recogida. Entorpecer. Aprovechan el terreno, el agua y la protección del trigo para desarrollarse.

Todo sembrador de cizaña actúa a escondidas o envía a otros para no ser visto. Sus maldades necesitan crecer en terreno ajeno bien abonado donde otros se han sacrificado. No obstante, la cizaña es reconocible. Quien frecuenta las costumbres de la siembra no tiene dudas. Quizás la mala semilla, o su sembrador, no sepan que son visibles tan a las claras, pero lo son. Por más que se camuflen nunca llegarán a ser pan, sólo harina de otro costal que sirve, nada más, para ser atada en manojos y ser quemada.

 

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Isabel Pavón.
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