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¿Qué te pasa, cogollo?



¿Qué te pasa, cogollo, que tanto barro traes encima?, le dije a Lechuga cuando me disponía a prepararla para el almuerzo.


Me gusta hablar con los alimentos como hay gente que le gusta hablar con sus macetas. Cada loco con su tema. Y en vez de ponerles música clásica, les canto a capela. Ruego respeto.

Después de un rato, tan fresca como lo que era y bien escurrida con el centrifugador de lechugas que me mandó Tere, mi amiga de Calatayud (que lo sepan, hay gente que me quiere), lucía de tal manera que la boca se me hacía agua y eso que todavía no estaba aliñada. Daba gusto mirarla, tan verde, tan rizada..., y así se lo dije, ¡quien te ha visto y quien te ve, muchacha, ahora pareces de mejor familia!



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Pero no estaba sola, no. La acompañaba su colega Zanahoria que, aunque todos saben de su no-pertenencia al mundo de las frutas, y su no-colgar de las ramas de los árboles, es naranja; su primo Pimiento, que para nada tiene que ver con Pimienta, si bien puede coincidir que ambos piquen; su amigo Pepino, que ni por asomo se relaciona con el diminutivo coloquial de José; sus otros compañeros de huerta, Tomate Juate, con pedigrí y Cebolla llorona, que hace su efecto en los demás y no en ella misma ya que protege su corazón con capas y más capas de intimidad para que nadie se lo moleste lo más mínimo... Todo un conjunto de bello colorido y delicioso sabor, sin disgustos, sin envidias, sin hacerse sombra, listo para ser servido antes o durante el potaje de lentejas que se estaba cocinando.

Gracias doy al Señor por los alimentos de cada día y pido que, como usted, querido lector de P+D, no nos falten nunca.

Más tarde, mientras disfrutaba de tan sabrosa comida mediterránea, hice una pequeña reflexión, o sea, para entendernos, se me fue el santo al cielo y pensaba: Es posible limpiarse del barro de la vida en el que estamos sumergidos. Llenarse de fango en un momento determinado no es tan malo; lo peor es no querer quitárselo de encima, sentirse a gusto en él, dejar que haga costra, se seque y nos inmovilice.

Del mismo modo, cuando uno no puede lavarse solo, o no es capaz, no le quedan fuerzas, es bueno dejarse enjabonar por otras personas depositando confianza en ellas. Hoy por ti, mañana por mí. Somos compañeros de camino. Somos un cuerpo en Cristo. Es importante ser y sentirse útil. Es posible la convivencia armónica del conjunto, la mezcla de colores, de sabores, siendo cada uno lo que es, cuánta más variedad, mejor, más riqueza...

Poder lucir, tener oportunidades de lucir, conceder a otros su derecho y obligación de lucir ante los ojos de los demás, a cara descubierta, los hermosos dones que el Espíritu otorga, es hacer buen uso del respeto que todos merecemos; de la inteligencia y sensatez; del amor y la buena conducta; es dar y darse alimento espiritual para el alma, tan necesario y tan divino... para la edificación propia y de la congregación.

Como quiera que sea, cada uno debe vivir según los dones que el Señor le ha concedido y tal como era cuando Dios lo llamó. Esta es la norma que doy en todas las iglesias.
1ª Cor 7:17

 

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Isabel Pavón.
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