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Oración de pies alzados


Cada vez suena más raro el contenido de las oraciones comunitarias. Son frases bonitas, espirituales..., pero tan fuera de la realidad como los cuentos infantiles, con pies que no pisan el suelo.

Por ejemplo, no se oye decir: “Gracias, Señor, por el mensaje tan precioso que nos ha traído el hermano, y te pedimos que, para hacer realidad su proyecto, pues dice ser tuyo, nos aumentes el sueldo. Ya sabes, Dios nuestro, que la semana pasada también llegó otro de tus hijos con una petición que tú hacías y también nos vimos obligados a ayudar, por ser esa tu voluntad. Haz que los que contamos con medios económicos limitados, ganemos más porque si no, dentro de poco ninguno de tus planes se va a poder llevar a cabo, ya que son muchos los que trabajan para ti y cada vez vamos quedando menos de los que salimos a las siete de la casa y volvemos de noche para mantenerlos. Padre mío, Señor de mi corazón y mi agonía, a ver de qué modo le das un arreglillo a la cosa”.

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Otras oraciones podrían ser, por ejemplo:

“Excelso Señor, da luz a los predicadores, que sepan que normalmente los que venimos a la iglesia ya estamos convertidos y la evangelización hay que hacerla de puertas para afuera, haga frío o calor, nieve o luzca el sol. Comprendemos que dentro del templo se está más cómodo, pero los que no te conocen están fuera, padeciendo las inclemencias del tiempo”.

“Dios Santo, Poderoso y Sabio, incúlcale a algunos jóvenes que, aún siendo tuyos, tienen que estudiar para buscarse un porvenir. Visto el ejemplo que damos los mayores, están tomando la decisión, como si de algo fácil se tratara, de dedicarse a ti a tiempo completo, como si trabajar y ganarse las habichuelas fuera algo malo y mundano que tú aborreces. Que se den cuenta que los euros no llueven del cielo, ni vienen extendidos dentro de la barra de pan que con tanto afán se comen. Muéstrales que hay que ganarlos y que no se pueden plantear sus vidas a costa del sudor ajeno”.

“Admirable, cuando te canses de tantos aplausos sin ton ni son, no tienes más que avisarnos con una señal, un trueno, una rotura de cristales, algo que nos dé un sustillo y volvamos a respetar el lugar y el momento en que nos encontramos”.

“Creador de todas las formas de expresión. Cuando alguien ore en lenguas, no te olvides de los intérpretes. Los que no sabemos de idiomas nos quedamos a dos velas. Es más, algunos se atreven a gritar amén para disimular su ignorancia”.

“Bendito y alegre Señor, muchos están convencidos de tu sordera, pero te preguntamos con toda confianza: ¿Te enfadarías si los instrumentos musicales bajaran el volumen de sonido y se oyeran más nuestras voces? Esperamos tu respuesta.”

O si el tiempo apremia, simplemente:

“A ti que eres bueno y quieres a tus hijos humildes, líbranos de los vivillos”.

“Señor, si no te importa, descansa un poco y, de paso, da vacaciones a todo aquel que explota horas del día reinando en averiguar cómo complacerte con el dinero ajeno”.

“Padre, me gustaría dedicar más tiempo a tu obra, ¿Sería posible que abrieran el círculo los tres que tienen acaparados todos los ministerios?”

“Juntos clamamos que, cuando envíes un mensaje tuyo a los profetas, le pongas la letra grande. O gafas. Da igual, tú eliges”.

“Dios mío, sé que me ves. ¿Te importaría hacer magia para que mis hermanos y hermanas también me vean?”

“Sin ánimo de ofenderte, Señor, ¿todavía piensas que es bueno que la mujer calle en tu Iglesia?

“Rey nuestro, ¡reina!”

Y quizás, como un acto de reconciliación con Dios, terminar con las siguientes palabras:

“Dios nuestro, antes de salir del templo, apelamos una vez más a tu misericordia y te rogamos que perdones todos aquellos amenes que, al tun tun, hemos exclamado y van contra tu voluntad. Sólo eso, Padre nuestro, sólo eso”.

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Pues no. No se suelen oír este tipo de oraciones porque estamos agarrados a las fórmulas ya establecidas. ¿Tenemos miedo de hablarle así a nuestro Padre delante de la congregación y preferimos orar como quienes viven en las nubes, o sea, como quienes no viven en la Tierra, o sea, como que todo va perfecto, o sea, como que decir la verdad es pecado, o sea, como que no vemos lo que vemos, o sea, ...?

¿En qué postura tenemos colocados los pies? ¿Tanto mancha la sinceridad como para huir de ella?


Publicación en otros medios:
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Isabel Pavón.
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