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No, no es envidia


No, no es envidia si ves que, haciendo todo correcto, en tu entorno nadie te dice una palabra buena. No pienses mal, no es envidia.

Si el día que, ante el espejo, te ves mejor que nunca y al salir a la calle tus vecinos no te miran de frente, no es envidia.

Si tu proyecto triunfa y no recibes felicitaciones de las personas que más quieres, no es envidia.

Si ves que a tu vestido blanco se le acerca alguien para señalarte la minúscula mota que cuesta distinguir hasta con lupa, no es envidia.

Si, al mostrar tu jardín florecido de rosas, claveles y azucenas, tu acompañante te hacer ver la hoja algo seca y semioculta en medio del vergel, no es envidia.

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Si eres joven, la hermosura te colma y recibes la advertencia de que los años pasan pronto y te saldrán arrugas, no es envidia.

Si entre tu sedoso pelo negro encuentran una incipiente cana y aplauden como quienes han encontrado el tesoro perdido del pirata, no es envidia.

Si no se acuerdan de invitarte a un gran evento, donde acuden todos tus amigos, es olvido, no es envidia.

Si al verte sonreír alguien te llama la atención y te advierte que, en ese mismo instante, están pasando desgracias en el mundo..., no es envidia.

Recuerda: Cuando te manifiesten algo negativo, no pienses mal. Estos portadores nocivos lo pasan fatal durante su vida. Están convencidos de ser los guardadores de tu virtud moral. Reprimen las palabras saludables, o se las tragan, para evitar que te enorgullezcas demasiado, para ello, si es preciso se muerden la lengua. Pero no, no es envidia.

Repito: Quienes nunca te dicen nada agradable actúan así porque se sienten tremendamente responsables de que de ningún modo pierdas la humildad y así prosperes. ¡Ejem, ejem! (*)


(*) Recomendación: La manera correcta de leer “¡ejem, ejem!”, sería hacerlo como quien tiene una tosesilla seca y molesta a la altura del pecho.

 

Publicado en:
Protestante Digital


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Isabel Pavón.
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