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No hay que ser muy lince...


Me pareció curiosa la corta noticia titulada “Los linces cautivos enferman, los libres no”, aparecida en El País el pasado 25 de marzo de 2010.

El programa de cría en cautividad del lince ibérico atraviesa su peor momento desde que en 2005 empezó a dar resultados con el nacimiento de los primeros cachorros. La enfermedad renal crónica afecta ya a casi el 40% de los 70 linces del programa. Han muerto cuatro, 10 están en fase terminal y otros 10 están enfermos. Los expertos creen que el origen está en la alimentación, las vitaminas que se les suministran o las vacunas. Los que viven en libertad (222 ejemplares) no están afectados.(puede leer aquí la noticia completa)



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Curioso, ¿verdad? Yo misma me pregunté qué fue lo que más me atrajo de estas seis líneas y enseguida supe el motivo: Cada ser privado de libertad termina enfermando por muy bueno que sea el motivo del programa al que se vea sometido.

Al principio todo marcha bien según las directrices del plan, pero luego...

Con la espiritualidad del ser humano ocurre igual. Quienes se hallan atados dentro de una estrategia inadecuada, castigados con presiones, con silencios impuestos, que tienen prohibido desarrollar sus dones, pasa algo parecido. Terminan enfermando en el lugar donde se encuentran cautivos.

La causa, por ser inadecuada, termina matando.

Jesús, haciendo lectura del libro de Isaías, proclamó en la sinagoga: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado para llevar la buena noticia a los pobres, me ha enviado a anunciar libertad a los presos y a dar vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos. (Lc 4,18)

No hay que ser muy lince para reconocer que la muerte de estos seres en cautividad no es inminente, llega poco a poco, camuflada en diferentes motivos y enfermedades, algunas mentales, pues el cerebro es lo primero que se resiente en estos casos. El hipotálamo espiritual se priva de realizar las debidas funciones y, por supuesto, las dosis de alimentos inadecuados que recibe el alma..., las vitaminas caducadas..., el medioambiente donde se desarrollan..., y las vacunas..., sobre todo las vacunas, tienen mucho que ver ya que anulan cualquier intento de deseo de fuga.

Cada cual haga sus propias conjeturas y elabore el balance de cómo está su libertad, sus alas, su mundo libre, y cuales son sus miras porque ... el Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en pago de la libertad de todos. (Mt 20,28)


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Isabel Pavón.
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