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No. Escribir no fue un sueño


Han aparecido puertas a las que decidí no llamar. Otras por las que opté por no entrar y algunas que parecían abrirse, se cerraron del todo.


Fue en la primavera de 1999 cuando conocí a  Rosa Mª Badillo Baena. Impartía un taller de Escritura Creativa en mi distrito. Rosa es, además de amiga, escritora malagueña, una mujer destacable entre muchas por su personalidad y su humanismo. Fue ella quien me animó a seguir. Sus palabras me ilusionaron de tal manera que se esfumaron algunos complejos (complejos que iban y venían... y que vienen y van). Ella me llama compañera. Yo la llamo Maestra.

A partir de ese día decidí que todo lo que había ido guardando en el fondo de un cajón de mi armario, saliera a la luz. A la luz de mi familia más cercana, porque no puedo decir que escribir con otras pretensiones fuera mi aspiración. No. No era un sueño. Sin embargo,  meses después, en el mostrador del Instituto Andaluz de la Mujer, donde asistía como monitora en lactancia materna, descubrí las bases de un certamen literario  y pensé en echar suerte ya que no era conocida en ese terreno, ni tendría que dar explicaciones. Aquello de participar en concursos me entusiasmó de tal manera que le fui echando valor a la cosa . Pronto llegaron los frutos. Ni me lo creía entonces, ni me lo creo ahora, pero la verdad no siempre es creíble.

No. Escribir no fue un sueño

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 Al principio fueron temas seculares. Me daba tanto miedo escribir “en cristiano...”.  Luego me fui/fueron animando y los primeros textos referentes a mi fe los compuse de rodillas. Palabrita del Niño Jesús que lo que digo es cierto y, hasta el día de hoy, prefiero temer más a Dios que a las personas disfrazadas de fantasmas.

 Durante esta trayectoria, han aparecido puertas a las que he decidido no llamar. Otras por las que opté no entrar y algunas que parecían abrirse, se cerraron del todo . Digo esto porque cuando el ser humano se propone, sin motivo ni razón, cerrar el camino a sus congéneres, al Señor se le antoja abrir los suyos, despejar balcones y ventanas...  De ahí que, el 22 de agosto de 2005, fuese invitada a participar en Protestante Digital . Ocurrió justo antes de salir de viaje, así que, a mi regreso, le pedí a  Pedro Tarquis  que me confirmara su generosa propuesta temiéndole a que hubiese sido un pronto, un arrebato momentáneo, un gesto de locura, y luego se hubiese arrepentido.

Y no. Escribir en Protestante Digital tampoco fue un sueño. Mentiría si dijera que lo fue. Nunca se me habría pasado por la cabeza aspirar a algo así. Nunca. ¿Cómo se me iba a ocurrir? ¡Vamos, ni pensarlo! Así que primero viví la realidad y ahora disfruto de aquel sueño no ensoñado por lo inalcanzable que me parecía.

He pisado terrenos insospechados y, a la vez, he dejado actividades que me atraían. Una es una, y no dos, ni tres, no puedo multiplicarme y no me interesa dividirme.

Protestante Digital es para mí un gran balcón abierto al mundo por donde asomar mi persona, mis convicciones, mi fe...  Trabajar en este medio ha hecho que avance y me ha dado otras miras. ¿Cuáles? ¿Qué persigo? 

 ... pido a Dios que me haga conocer plenamente su voluntad, y que me dé toda clase de sabiduría y entendimiento espiritual. Así podré portarme como deben hacerlo los/las que pertenecen al Señor, haciendo siempre lo que le agrada, dando frutos de toda clase de buenas obras y llegando a conocer mejor a Dios. Le pido que con su glorioso poder me haga fuerte; así podré soportarlo todo con mucha fortaleza y paciencia, y con alegría daré gracias al Padre, que me ha preparado para recibir en la luz aquella parte de la herencia que reserva a quienes pertenecen a su pueblo. Dios me ha librado del poder de la oscuridad, y me ha llevado al reino de su amado Hijo, por quien me ha salvado y ha perdonado mis pecados.   Colosenses 1:9-14 

Por eso,  cuando escribo, doy la cara con todas las consecuencias que me puedan venir en contra.  Aprovecho para dar las gracias a los que dan la suya por mí.

El tiempo no ha pasado en vano. He aprendido y aprendo . Este medio me da la oportunidad de sentirme parte viva del Cuerpo de Cristo. Siento que estoy unida a otros hombres y mujeres que nos movemos velozmente por un cauce activo.  Sé cual es el objetivo y sé que no tiene espera.

También sé que la mucha palabrería enfada y cansa, por eso termino diciendo que el Señor abre caminos donde creemos que no los hay y da oportunidades insospechadas. Él sabe las maneras y el momento. Doy fe de ello. Muchas gracias.


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Isabel Pavón.
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