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Muerte a martillazos


Cualquier persona que viva con dignidad, aunque piense en su muerte, nunca la imaginará de manera brutal. Idea enfermedades, accidentes graves, dormir y no despertar... Desea, ya que no hay más remedio que partir, que sea de un modo rápido y sin dolor, sin darse cuenta.

Lo que no puede imaginar un ser humano, en este caso una mujer joven madre de dos hijos pequeños, es morir a martillazos en la cabeza.

A no ser que ya haya sido amenazada con frecuencia, que el miedo le domine el cuerpo, nadie sueña con esa horrible expectativa. Mejor no pensar en vivir una agonía así.


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Hemos de suponer que el suceso no fue un arrebato momentáneo. Lo más probable es que, hasta llegar ese último día, esta mujer, de tan solo 34 años, fuese recibiendo martillazo tras martillazo en el alma, poco a poco, a fuego lento, sin que dejasen huellas externas visibles.

Ni siquiera constan denuncias. No siempre se tiene la valentía de hacerlo. No siempre se cuenta con la ayuda necesaria para hacerlo. No siempre se tiene la certeza absoluta de lo que puede ocurrir si no se denuncia... La mujer maltratada no quiere pensar en lo que está apunto de pasar. Busca excusas. Inventa futuros. Sueña... Lo único que le queda es la irrealidad de una quimera y a ella se agarra.

Lo que sí está claro es que el padre de sus hijos, el presunto asesino según consta en las noticias, sí tenía una sentencia resuelta contra ella: la pena de muerte, y él mismo la cumplió.

Ahora quedan dos niños pequeños sin madre y sin padre. Al culpable no le importaron las consecuencias. Su orgullo, sus instintos asesinos, su querer y no poder subyugar a la mujer que en su fuero interno tenía como propiedad y, por tanto, le pertenecía de por vida pudieron más que el amor a sus hijos si es que lo tenía.

Se quiso más que a nadie sin amar a su prójima como a sí mismo y se dio el gusto de vengarse contra lo que él ha creído justo. Cumplió con lo que se había prometido. Ese día la mataba. Lo hizo.

¿Será más feliz ahora que ha alcanzado su objetivo? Pues, en su deshonor y dondequiera que lo recluyan, descanse en paz.


Publicación en otros medios:
Protestante Digital

Periodista Digital-Protestantes

Diario Sur


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Isabel Pavón.
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