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Modernidad, comodidad e ignorancia



De sobra es sabido por los años que llevamos experimentándolo que, en la mayoría de las comunidades, las nuevas tecnologías imperan.

De no ser así, priman los proyectos a su favor como si de algo urgente y sumamente necesario se tratase.

Han desaparecido los himnarios, pues los contenidos de las canciones florecen completos sobre la pantalla con paisajes o fondos de colores que las hacen más bellas. Esto hace innecesario ejercitar la memoria en aprender las letras. Queda en desuso aquello de buscar tal o cual coro en la página correspondiente, echar un ojo al que aparece en la hoja de al lado y sentir deseos de cantarlo, meditarlo, ya que la mirada ha de fijarse en el visor.

Durante la predicación, cualquier texto que haga alusión a las palabras pronunciadas desde el púlpito, aparece como por obra de magia ante nuestros ojos. No es necesario llevar la Biblia, antes de que puedas abrirla, antes de que puedas situar en tu cerebro el lugar donde encontrarlo, el hermano o hermana que presta este servicio a la congregación lo ha activado, ya que lleva hechos los deberes y sabe cual, qué versión y año tiene poner en cada momento.

Modernidad, comodidad e ignorancia

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Así, una puede ver a su lado a alguien que, despistado, ha cargado con su biblia e intenta encontrar Gálatas a la altura de Números, los hay que por su todavía inmadurez, no tiene opción de averiguarlo. La modernidad, la comodidad, nos lleva a la ignorancia de olvidar o no llegar a conocer.

El día que la tecnología falla, el culto no marcha como es debido a causa del fastidio de tener que volver a los métodos antiguos. Parece como si la tristeza o los sinsabores se hiciesen dueños del recinto y re-buscar a Dios se convierte en un motivo secundario.

Al mismo tiempo que los adultos vivimos los avances técnicos, los niños reciben sus clases de escuela dominical en otro lugar apartado para ellos (los niños con los niños... Los adultos con los adultos... Y Dios en medio de todos). Todavía no viven la comodidad de sus mayores. Su historia, incongruentemente, es diferente. Posiblemente se ven obligados a aprender los coritos de memoria, a llevar la biblia porque es importante aprender en qué libro se ubica cada texto. Reciben la enseñanza importante de aprender versículos de memoria. La necesidad de saber encontrarlos en un momento determinado..., y si algún chiquillo no lo consigue, se siente frustrado, como si, en su infantil atraso, ofendiera a Dios. Los pequeños aún no saben que, tal vez, mucho de lo que ahora aprenden lo olvidarán, a causa de las nuevas tecnologías, cuando crezcan y formen parte del disfrute del cómodo mundo de los adultos.

Esto, como digo, ocurre a la par que los mayores gozamos orgullosos de la modernidad del siglo XXI, del lujo de no sentirnos analfabetossociales, mientras nos hallamos bien cómodos durante el tiempo que dura la reunión dominical, donde nos lo dan todo tan hecho y el alimento tan triturado que no nos damos cuenta de la ignorancia hacia la que somos conducidos. Permanecemos pasiva e insoportablemente cómodos, regalones en los asientos y estamos encantados. Yo estoy encantada, tú estás encantado, él está encantado..., ¡viva el encantamiento!.

¿Pensamiento radical?, podría ser. Hay vivencias actuales que nada tienen que vez con la raíz de donde parten.


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Isabel Pavón.
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