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Misantropía


Nadie conoce a nadie. Los saludos brillan por su ausencia.



9:15 de la mañana, hora de apertura. Comienza la circulación de carros anónimos por el supermercado del barrio. Como si de un pasaporte se tratase, cada uno guarda en su ranura la moneda que concede libertad de movimientos a sus portadores. Suena la música ambiental prevista para esa hora. A pesar de estar conectado el aire acondicionado la atmósfera está viciada, rancia. La emanación propia de los productos perecederos se adueñan del ambiente. Empalagan.

El miedo al conocimiento nos ciega

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Manos anónimas empujan sus compras por la encrucijada de estrechos pasillos donde hay que maniobrar para no chocar con los que vienen de frente. Cada conductor posa sus ojos en la mercancía pasiva colocada en los estantes. Nadie conoce a nadie. Los saludos brillan por su ausencia.

En un momento determinado aconsejan por megafonía que acudan a la sesión de panadería, acaban de sacar del horno pan caliente. Ante el aviso, a toda prisa acuden como marionetas al lugar esquivando los obstáculos que suponen las figuras de los otros. Algunas cajas de cereales, al ser golpeadas, caen al suelo. Indiferencia. Nadie se detiene a recogerlas.

Los rostros están mustios, los cuerpos desgarbados. Los carros a medio llenar. La suma del importe en las cabezas. Al intentar recoger el producto hay manos que se rozan, que como polos iguales del imán social se repelen sin piedad.

Otro comunicado dicta que la carne está de oferta. Se repite la acción. Cada cual va a lo suyo con diligencia.

La encargada supervisa el quehacer de los asalariados.

Retinas eluden posarse en las retinas. Bocas selladas evitan relacionarse. Cuellos altivos. Lugar concurrido por multitud de soledades que no desean contagiarse; vidas ajenas a la enfermedad social que juntos padecen.

Los empleados sonríen bajo presión. Ofrecen en línea de caja un sin fin de liquidaciones, de artículos próximos a caducar.

Personas sin identidad entran. Personas sin identidad salen. Tarjetas de crédito. Dinero en efectivo. Ticket de parking sí. Ticket de parking no. Entrar, permanecer. Salir, correr.

 

Publicación en otros medios:
Protestante Digital



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Isabel Pavón.
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