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Mi Bat quiere ser Man


A veces no hace falta gastar dinero para tener mascotas.


La que poseo en la actualidad se hallaba en la acera, parecía esperarme. Aún no tenía pelos y su aspecto resultaba ser un tanto extraño. La he cuidado durante un periodo de tiempo y sigue conmigo.

Fue creciendo y vi que quería coger vuelo y viajar a su aire por la casa, así que fuimos juntos a Ikea para que eligiera el manojo de perchas que más le gustara. Omito los detalles de esa tarde aunque fue todo un espectáculo entre la gente. Pese a su diminuta presencia consiguió que curiosos y compradores dejaran de seguir el sentido de las flechas. Eligió media docena de color caoba. Ahora las tengo enganchadas en las lámparas para que pueda colgarse cuando quiera, bocabajo como es su costumbre.


Mi Bat quiere ser Man

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Poco a poco ha cogido confianza así que, tras ver una publicidad engañosa, me obligó a comprarle la colección de comics y todas las películas de Batman.  A partir de ahí, me rogó que siempre le llamara Bat, sin apellidos. Por supuesto no coincidimos en las conclusiones finales de las historietas y los films. Pienso que uno de los principales motivos es la postura. Bat lee o ve la tele del revés, yo del derecho. Solemos discutir mucho y, para presionarme, termina colgándose de espaldas en la percha de la habitación de al lado. Insiste en que puede transformarse en Man cuando le apetezca y yo le digo que no. Pese a ello, para que reconozca mi bondadosa paciencia, le he adaptado un traje de chaqueta de Ken, el novio de Barbie, a su medida y con fieltro le he modelado unos zapatos a juego. Él se ve guapo, alucinante. Yo le veo fatal, como que no cuela. Le pongo delante del espejo para que se vea. Se lo digo de la manera más dulce que soy capaz y me amenaza con denunciarme por quitarle la autoestima. Dice que por mi culpa ha cogido un complejazo de muerte.

 Mi Bat quiere ser Man.  Se empeña en ello de igual forma que Bob Kane y Bill Finger quisieron crear al superhéroe. Le advierto que no se crea todo lo que aparece en comics y películas. Sin embargo, su coeficiente intelectual no da para más.

Para calmar su sed de transformarse, le he creado un facebook donde pueda desfogar su frustración en público. Ha subido infinidad de fotos trucadas y ya tiene 568 amigos, por lo general, de bajo intelecto, acomplejados por no ser lo que quisieran.

Confieso que de pequeña, engreída por el afán de tener un príncipe cerca, quise ser tan Blanca como la nieve. Estaba dispuesta, si era preciso, a atragantarme con un mordisco de manzana con tal de convertirme en quien no era, pero se me pasaron las ganas al hacerme grande.

 A decir verdad, mi Bat me tiene ya bastante harta.  Tanto como yo tuve a mi madre exigiéndole manzanas envenenadas que no encontraba en ninguna frutería.

 Hay noches que tengo pesadillas. Me veo lloriqueando arrepentida por haberle salvado la vida. En fin, no aguanto más. Voy a esperar unos días antes de llevarle al psicoanalista de murciélagos. Si con eso no se soluciona esta cuestión, me veré obligada a cortar por lo sano.  A ver, en estos tiempos de crisis, por cuánto me sale la historia.


Publicación en otros medios:
Protestante Digital



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Isabel Pavón.
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