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¡¡¡Me están saliendo alas!!!


Gracias, Señor, por hacerme un poquito inferior a los ángeles. Por coronarme de gloria y de honra. Por establecerme sobre las obras de Tus manos. Es un gustazo tenerlo todo sometido bajo mis pies. Lo creo firmemente y me froto las manos. Te has recreado en mi figura y estoy rebosante de júbilo. Ya ves que bien aprendo el mensaje.

Gracias, Señor, porque desde que me diste Tu nacionalidad y vivo metida en mi burbuja, nada tengo que ver con este mundo donde, caprichosamente y por cosas del azar, he nacido; ni tampoco me afecta esta época en la que vivo. Tengo las cosas claras, y no como otros que se desgañitan creyendo tontamente que han de dar el do de pecho y pringarse. Guardo la compostura. Sé que calladita estoy más mona.

Gracias, Señor. He aprendido yo solita que ni siquiera tengo que abrir la boca cuando uno de mis hermanos o hermanas en la fe es perseguido, o es insultado, o menospreciado por Tu causa. Ya te encargas de eso. ¿O acaso soy yo la guardiana de ellos? ¿Ves como conozco la Biblia? ¡Pues eso!



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Gracias, Señor, porque creo en Ti y eso me libra. Ni las mujeres asesinadas por sus maridos; ni los inmigrantes que llegan a diario desnudos y muertos de hambre; ni los drogadictos; ni los abusos a menores; ni el mal camino que han elegido muchos jóvenes; ni la pobreza; ni las violaciones; ni la falta de un trabajo digno; ni la necesidad de una vivienda decente; ni las injusticias; ni la poca vergüenza que reina, ni las cosas del gobierno; ni la falta de fe en Ti. Nada, absolutamente, nada me turba, nada me espanta, todo se pasa...

Gracias, Señor, porque cuando pasé a formar parte de Tus filas, me hice un buen lavado de conciencia. Es más, con el único motivo de que no se me forme costra, continúo haciéndolo a diario con sosa cáustica. Y si antes los sucesos que ocurrían me hacían pupa e indignaban, ya nada me afecta. El agua de enjuague se lo lleva todo. Nada va conmigo. ¿No es esto vivir anticipadamente un poco de Tu Gloria venidera?, ¿a que sí? ¡Pues lo mismo!

Gracias, Señor, porque sin necesidad de tomar valeriana u otras yerbas, ninguna cosa, sea la que sea, va a quitarme el sueño que da Tu Paz. Sabes que estoy bien agarrada a algunos versículos de Tu Palabra, y cuando me acuesto... como una angelita duermo.

Gracias, Señor, por el descanso que siento en mi alma, por tener la sangre de horchata blanca, dulce, espesa y fresca, pues ya lo mismo me da ocho que ochenta.

¡Ah!, y gracias, sobre todo, Señor, por el invento de los espejos. Acabo de mirarme en uno de ellos, donde suelo recrearme con frecuencia mientras espero impaciente que vengas a llevarme, y he visto algo asombroso: de los omóplatos ... ¡¡¡ME ESTÁN SALIENDO ALAS!!! Unas alas preciosas de un blanco inmaculado espectacular. ¡¡¡QUE GUAPA SOY Y QUE CUERPO TENGO...!!!

Si todavía estuviera a tiempo, me haría una foto en grande, ¡qué menos!, para dejarla aquí, en la Tierra, como testigo de que pasé por el Planeta, aunque, por no mancharme las plantas, no dejé marcas de huellas. Sabes que no es más limpio el que más limpia sino el que menos ensucia. Pero Tú vienes pronto, ¿verdad, Señor? Sí. Ya llegas...

 

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Isabel Pavón.
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