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Líbrame de tus bendiciones, Señor


Me siento mal cuando alguien, durante el transcurso de una conversación “cristiana”, no cesa de decir “el Señor te va a bendecir por esto o lo otro”. “Estoy haciendo tal cosa, pide al Señor que me bendiga”. Recibir bendiciones, más bendiciones...

No siempre se tiene en la cabeza que al hacer algo, una buena obra, detrás vengan las bendiciones del Señor como recompensa inmediata, como un canje. Parece que sin buenas obras las bendiciones no llegan o lo que es lo mismo, que las bendiciones hay que pagarlas de antemano. Dar para recibir. Sacrificarse para obtener recompensa.

Me siento mal porque se está enseñando a la gente “ve, haz esto que te digo y no te pierdas la bendición que viene detrás”. Realmente esto que acabo de mencionar es una manipulación en nombre de Dios en toda regla.

Líbrame de tus bendiciones, Señor

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Hacer una buena obra pensando en la recompensa del Señor es algo indigno.

Quisiera vivir en cuerpo y alma el conocido poema atribuido a Santa Teresa. 

 No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
 
 Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
 
 Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
 
 No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.
 

Este amor a Jesús es el que quiero que corra a galope por mis venas, que me salga a borbotones por la aorta y que se desparrame alrededor en sacrificio. Esto quiero. Nada más que esto.

Líbrame de tus bendiciones, Señor, de la ambición de recibir algo a cambio.  Pero, sobre todo, líbrame de tus bendiciones para que no intente comprarlas con hechos buenos, para que no caiga en la tentación de querer ganarme estar en tu gloria a base de mis obras.

Líbrame, Señor, de lo vano de las promesas del presente. Quítame de la cabeza lo que puedo recibir “a cambio de” y que simplemente ocupe mi corazón y mi cabeza querer agradarte, hacer lo que sea, todo en tu nombre sin esperar nada.


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Isabel Pavón.
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