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Las Quemadillas, mal nombre


Los hijos endulzan las penas, pero hacen más amargas las desgracias. Francis Bacon.


Me duele pensar en las ilusiones que la madre de Ruth y José tenía para ellos. Siendo tan pequeños estaría constantemente besándolos y abrazándolos, temiendo que el padre se los llevara, imaginando no verlos regresar.

Seguramente no dormía cuando Bretón, antes de cortarles las alas, los recogía sin poder impedirlo. ¡Cuántas cosas se le vendrían al pensamiento cuando el hombre que había dejado de ser su marido se los llevaba!


Las Quemadillas, mal nombre

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¡Cuánta decepción para los padres y familiares que defendían al acusado! Porque ¿quién puede imaginar que su hijo es un asesino? ¿Qué padres pueden aceptar algo así? ¿Cómo se puede convencer a unos abuelos de que sus nietos han sido asesinados como venganza?

¡Qué duro suceso! ¡Qué largos los once meses de espera!

Dicen que Bretón no está loco, que su coeficiente intelectual es superior a la media y me pregunto si habrá sido su participación en la guerra lo que le ha atrofiado el cerebro, poder distinguir el bien del mal.

Si la guerra lo ha hecho inhumano. Si en ella vio y experimentó cosas que no pudo superar. Porque una persona cuerda no puede llegar a ejecutar tal aberración con su propia estirpe. No puede sentir alivio cortando de raíz su descendencia. ¿Qué hay dentro de la cabeza de este hombre?

Hay heridas que no curará el tiempo.

Se acabaron las canciones de arrullo antes de dormir, los cuentos leídos o inventados, y lo peor de todo, se acabó la remota ilusión de verlos vivos.

No habrán más besos, ni más risas, ni más abrazos, ni más transmitirles entusiasmo, ni más luchar por el futuro de los pequeños.

No conocerán la adolescencia, ni se enamorarán del compañero o compañera de clase, no irán a la universidad, no serán padres.

Sólo quedarán las pesadillas del sueño, las preguntas atroces que jamás tendrán respuestas. Sólo quedarán los recuerdos.

No estamos preparadas para ver morir a los hijos, por eso, las madres, las que hemos parido, las que sabemos lo que duelen, las que hemos depositado nuestras fuerzas en que ellos cumplan sus esperanzas e ilusiones estamos de luto con Ruth Ortiz.

El Señor le dé ánimo para seguir viviendo.

Publicación en otros medios:
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Isabel Pavón.
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