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La presencia de la ausencia


La presencia de la ausencia suele ser muy dolorosa, por eso la notamos.


"Y un día, al regresar, tú te habrás ido 
 de todos los objetos que tuvieron tu nombre... 
 tu ausencia ocupa toda mi memoria” 
José Luis Rosales


Algunos aspectos de la presencia de la ausencia:

El escritorio que ahora está vacío. El azucarero junto al café desierto de contenido. El monedero sin caudal. La presencia de la ausencia está ahí.

La presencia de la ausencia

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La página que fue arrancada del libro y deja desierta una parte de su historia. La sala sin el butacón viejo que se deshacía en pedazos y todavía buscas con la mirada al entrar para sentarte a descansar un rato. En tu mente todavía existe. Existe esa página y el butacón continúa colocado en el rincón de tu imaginación. Es la presencia de la ausencia a la que no nos acostumbramos.

Otras ilustraciones:

Una boca muda y cobarde de opiniones. Alguien que falta a una cita por desprecio. La no contestación a una llamada de teléfono por dejadez. Los ojos que no quieren concederte una mirada. La ausencia se hace presente de manera innegable. Silencio y olvido se te clavan como un puñal.

La falta de respuesta amiga cuando más la necesitas. El beso que no llega. El abrazo que esperas sin hallarlo. La silla sin ocupar junto a la mesa donde comes. Casi puedes tocar la presencia de la ausencia.

A veces puede ser ajena a nuestros deseos:

El ser querido que se ha ido para no volver. El hueco al otro lado de la cama que rompe el equilibrio de tus emociones noche tras noche. Una habitación semivacía. Las cosas tal y como quedaron colocadas. La ropa en el armario que aún conserva su olor. La ausencia se hace presente de manera evidente y un nudo en la garganta te impide respirar. Sufres. Te sientes triste e inquieto. La presencia sigue ahí, palpable, la sientes real.

Cuando es necesaria la presencia de la ausencia:

Dejar con convencimiento presencia de la ausencia. No estar. Dar la espalda a lo que se considera no apropiado. No acudir a la convocatoria de la falsedad. No participar. No estar presente donde con claridad considero que no debo asistir.

Tomar una decisión al respecto:

Puede ocurrir que la voluntaria ausencia de nuestra presencia sea más importante que la asistencia física, pues el silencio igual que la ausencia muestran nuestra actitud, libre de miedo, como una voz que enmudece porque está dispuesta con su silencio a dar mucho que entender.
No consentir. No dejarse manipular. No ser partícipe. La ausencia de presencia desvela nuestro voto.

La presencia de la ausencia suele ser muy dolorosa, por eso la notamos. No obstante, tengo el convencimiento de que en ocasiones elegir no estar, tomar la decisión de hacer presente nuestra ausencia es más honesto que la presencia corporal. El mensaje transmitido es más contundente. Es de valientes, una actitud eficaz y clarificadora. Cuesta mucho más dejar la rotunda presencia de nuestra ausencia que estar sin estar estando.

 

 

Publicación en otros medios:
Protestante Digital



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Isabel Pavón.
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