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La mano que agita la liebre


Cada vez que la mano obtiene los resultados que pretende, pasa un rato sus afiladas uñas sobre la piel sedosa del animal.

El miembro, aparentemente invisible, está hoy intranquilo. Padece la enfermedad de las curiosidades. Adolece de envidia. Sufre ansiedades que no sabe controlar. Se enfurece. Este miembro es la mano.

No sabemos cuánto durará la crisis. No somos sabios. Pero la mano está nerviosa y necesita una herramienta para saciar sus necesidades: la liebre. En ella vuelca sus inquietudes cuando está caprichosa, pues, el animal, impaciente por naturaleza, se deja agitar por la mano, juega siempre a su favor.

El miembro posee un don de incalculable valor: hacer creer a la liebre que es la protagonista. Todavía no está claro cómo logra inculcarle sus enfermedades y preocupaciones. Lo hace de tal forma que el animal siente que los padece de manera certera.

La mano que agita la liebre

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Sin embargo, es sólo una ilusión, un calentamiento cerebral que el miembro le produce. Creo que puedo explicarlo mejor. Verán, todo lo que la mano quiere colocar a lomos del animal, el animal lo acepta y lo vive como propio. Lo siente. Es, por así decirlo, una actitud de lealtad, de admiración, de subordinación, enamoramiento, de rara hipocondría.

La liebre desea con todas sus fuerzas contentar al miembro que la tiene en movimiento, se desvive por conseguirlo. Su amor es desmesurado. Sufre cuando no lo logra, se obsesiona. Ha entrado en la fase de trastornos psicosomático.

 Aunque esto que comento parezca un enredo, el resultado es que la mano consigue ser la niña de los ojos de la liebre.  

Cada vez que la mano obtiene los resultados que pretende, pasa durante un rato sus afiladas uñas sobre la piel sedosa del animal. Lo felicita por su valentía y sus buenas ideas de gestión. La liebre necesita creer que el mensaje es positivo. No sabe que la manejan. Ha sentido caricias, no rasguños. No tiene vida propia.

A nuestro alrededor, este tipo de manos florecen en cuantía considerable, mas las liebres son incontables.

 Para romper esta simbiosis, comúnmente conocida como “soltar o lanzar la liebre”, se necesita la ayuda de un tercero, sea persona, animal o cosa, ya que existe un tratamiento conductual que debe llevar a cabo: colocar las dos partes a cierta distancia y procurar que entre ellas corra el aire. 


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Isabel Pavón.
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