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La luz de quien se esconde


Al escondernos irradiamos una luz delatora que todos ven menos nosotros.


No pensemos que porque hacemos cosas a escondidas, se van a volver invisibles. 

Cuánto más queramos ocultar nuestros pecados, más visibles se hacen.

Cuánto más queramos hablar del prójimo con disimulo, más resuenan las palabras.

Cuánto más queramos manejar figuras detrás del telón, más se nos ven los hilos enredados en las manos.

A veces nos escondemos con intención de desaparecer, sin querer que nadie nos encuentre y descubra lo que hemos hecho.  

La luz de quien se esconde

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A veces nos escondemos detrás de otra persona, colgados a su espalda.

A veces nos escondemos detrás de una broma.

A veces nos escondemos detrás de una sonrisa hipócrita.

A veces nos escondemos detrás de una queja.

A veces nos escondemos detrás de nuestros hijos.

A veces nos escondemos detrás de un versículo. O dos.

A veces nos escondemos detrás de un poder que nadie nos otorga.

A veces nos escondemos detrás de una carta que firmamos con seudónimo.

A veces nos escondemos detrás de un beso similar al de Judas.

A veces nos escondemos detrás de una mirada furtiva.

A veces nos escondemos detrás de las puertas de un despacho.

A veces nos escondemos detrás de un micrófono.

A veces nos escondemos detrás de un púlpito.

A veces nos escondemos detrás de una oración falsa.

A veces nos escondemos detrás de la predicación que damos sin creer en ella.

A veces nos escondemos detrás de una personalidad que no es la nuestra.

A veces nos escondemos detrás de una falsa humildad que intentamos hacer creíble colocándonos en el último lugar.

A veces nos escondemos detrás de un consejo que damos para que se haga nuestra propia voluntad.

 Normalmente tratamos a los demás como si fuesen ignorantes, creemos en nuestro poder de persuasión, y es la propia ignorancia quien se revela en nuestra cara. 

Nos convencemos de que nuestro verdadero yo está a salvo, pero ¿dónde estamos, quienes somos, qué queremos?

 Al escondernos irradiamos una luz delatora que todos ven menos nosotros . Aunque pensemos que actuamos en la oscuridad, se nos ve. Brillamos tanto, tanto, que los demás tienen que apartar su rostro para no dañarse los ojos  porque no hay nada secreto que no llegue a descubrirse, ni nada oculto que no llegue a conocerse.  Lucas 12:2


Publicación en otros medios:
Protestante Digital



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Isabel Pavón.
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