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La biznaga


Seguid unidos a mí como yo sigo unido a vosotros. Evangelio de Juan, capítulo 15, versículo 4.

La biznaga es uno de los símbolos de la ciudad de Málaga. Para las personas que no la conocen, a simple vista es una flor blanca, parecida al geranio, gitanilla o celestino. Sin embargo,  no es nacida de una planta sino que está compuesta por un puñado de jazmines escogidos durante el frescor de la mañana antes de que se abran. Aún cerrados son ensartados, uno a uno, en las agujas de un armazón similar al del eneldo seco.  

Se vende por la tarde, cuando la gente sale a disfrutar del paseo y se sienta en las terrazas a tomar algo, o en las diferentes ferias de verano. Es hermoso ver como comienzan a abrirse formando un conjunto y esparciendo su intenso aroma dejando huella por donde quiera que va.


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Antes de elegir, el biznaguero, distingue los que se abrirán esa tarde.  Por eso, todos los jazmines no son aptos para la biznaga del día, algunos tienen que madurar un poco más antes de cumplir su cometido.

El armazón que los une se sujeta a una base que puede ser una penca de chumbera limpia de espinas, o una hoja de pita que hace las veces de bandeja transportada en alto.

Donde quiero ir a parar con esta breve exposición sobre las tradiciones de mi tierra es que, de igual forma que en ocasiones la Palabra de Dios compara a Cristo con el Buen Pastor y a su Iglesia con las ovejas,  como malagueña me permito hoy la licencia de comparar al Padre con el biznaguero, al soporte de eneldo con Cristo y a su Iglesia con la unión de los jazmines. 

Jesús insistió en pedir:  ...cuídalos con el poder de tu nombre, el nombre que me has dado, para que estén completamente unidos, como tú y yo. Te pido que todos ellos estén unidos; que como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.   Jn 17,11 y 21 .

Muchos individuos juntos forman grupo y ese grupo tiene un fin.  En la Iglesia nos juntamos engarzados al tronco que es Cristo y lucimos y perfumamos el entorno para gloria de Dios. Ante Sus ojos vestimos el traje blanco con que nos ha cubierto y perfumamos con los dones que reparte el Espíritu. 

 ¡Ved qué bueno y agradable es que los hermanos vivan unidos!   Sal 133,1


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Isabel Pavón.
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