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Hacer la O con un canuto


El oyente tiene que saber distinguir entre lo que viene en el texto bíblico y lo que el predicador pone de su cosecha.

Un relato es un relato. Una predicación es una predicación y no debe adornarse con inventos. Por otro lado, el oyente tiene que saber distinguir entre lo que viene en el texto bíblico y lo que el predicador pone de su cosecha.

Hay diferencia entre ilustrar un texto dentro del contexto histórico e inventar datos que para nada benefician el mensaje y llevan a error a quienes escuchan.

Algunos ejemplos de impudicia:

Padre de mi padre, Padre mío

2

 

Se oye predicar que la mujer samaritana iba al pozo a escondidas, a las horas de más calor del día porque no quería encontrarse con nadie ya que se sentía avergonzada de sus pecados. Este dato es falso según el texto, en ningún momento da a entender que se sintiera pecadora ni se escondiera, pero si el que lleva la palabra es algo misógino, lo añade como algo verídico (Jn 4).

Se predica sobre Dina, diciendo que era ligera de cascos, que fue ella quien buscaba jaleo y sedujo al muchacho, por lo tanto, fue culpable de lo que le pasó por ir provocando con su mirada y su vestimenta a los jóvenes del lugar (Génesis 34).

Basándose en el texto de la semilla de mostaza, más que animar a confiar en el Señor, se acusa a los presentes de tener poca fe en caso de que sus sueños y caprichos no se cumplan, estén sin empleo, enfermos, con dificultades de cualquier tipo (Mt 17,20).

Para ilustrar y resaltar los textos que aparecen en la Biblia (son bastantes) sobre la palabra “espada”, se concluye en que por eso Jesús murió en una cruz, porque era lo más parecido a una espada y que esa fue la manera en la que el Señor corroboraba esos textos bíblicos y en definitiva la exposición final que busca el que predica arrimando el ascua a su sardina.

No entro ahora en localizar los textos con los que algunos adornan sus metas para engatusar al oyente y hacerles creer en la falsa teología de la prosperidad, pues son muchos. Y son muchos más los argumentos que se van metiendo en predicaciones cúlticas desviando el mensaje de la verdad con el fin de posicionar al oyente del lado del orador. 

Se podrían añadir otros ejemplos. Se tergiversan mensajes bíblicos para justificar mensajes humanos. Son predicaciones sazonadas al gusto. ¿Y qué ocurre? Ocurre que son muchas las personas que piensan que no creer lo que dice el que predica o pensar de otra manera es pecado y terminan aceptando lo que no es en lugar de lo que es. Anulan su cerebro, su inteligencia y la sabiduría que han recibido del Señor para entregar su plena confianza a alguien que les habla desde una tarima. Porque una de tantas supersticiones que existen en el campo evangélico igual que en el católico es creer que toda predicación es palabra de Dios, sin existir mezcla alguna de la personalidad e ideas de quien actúa.

Por más que cueste reconocerlo, se cree que el predicador es infalible, se le ve como al representante de Dios en la Tierra, aunque espiritualmente no sepa hacer la o con un canuto.

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Isabel Pavón.
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