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EV-ANGEL-IO (Semana Santa)


Estamos llamados a acercarnos a los necesitados en etapas especiales y a tener la sabiduría suficiente para después retirarnos sin llegar a causar molestias.



Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. Lc 22: 41-44

Leer en Lucas estos versículos de la pasión de Cristo, su dolor, su soledad y su necesidad, me lleva a pensar hasta qué punto podemos ser ángeles enviados en circunstancias de infortunio. Ser guiado por el Padre hasta quien atraviesa etapas de dificultad, sean cuales sean, tengan la gravedad que tengan. Aceptar la oportunidad de ser ev-angel-io con el que no puede desprenderse de su pesar y se ve obligado a atravesarlo de principio a fin como si de un túnel se tratase.



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Gethsemane, Carl Bloch. Wikipedia

Cada vez que nos vienen desgracias nos hundimos. Necesitamos seres debilitadores del dolor, que nos acompañen en esas horas amargas. Estamos llamados a acercarnos a los necesitados en etapas especiales y a tener la sabiduría suficiente para después retirarnos sin llegar a causar molestias.

Jesús oró al Padre y le hizo una petición. La respuesta fue el envío del ángel. ¿Somos nosotros consoladores del que sufre? Tenemos que serlo y esta actitud es reversible, como aquello de hoy por ti y mañana por mí, pues así se siembra el amor, la empatía, la compasión; semillas que antes o después germinan.

Conocemos las horas de soledad. No siempre están cerca las personas que más queremos cuando más las necesitamos. Mientras el rostro se hunde en la tierra por el dolor, unas veces la familia se nos duerme, otras los amigos se afanan en sus propios problemas, otras nuestros consejeros no son capaces de valorar nuestro padecer y otras, por cobardía, el prójimo se aparta, nos deja solos, como le pasó a Jesús con su gente un rato antes de ser apresado.

Vino un ángel del cielo a confortar su agonía, una agonía que le hacía sudar como gotas de sangre. Puede ocurrir que en fechas determinadas Dios decida usarnos como ese alguien que llega, ya sea de cerca o de lejos, un ángel comprensivo que escucha, que consuela, que nos levanta, que dirige nuestros pasos hasta el nuevo destino, un desconocido que llegues a sentirlo tan cercano que te sientas confiado a abrirle tu  corazón.

Vendrá, estoy segura, quien nos tome de la mano y nos la apriete, que nos abrace, que nos devuelva la esperanza y nos conduzca unos pasos más allá o hasta donde ya seamos capaces de ver la luz y caminar solos.

Ese ángel llegará en el momento oportuno. Aunque no sepamos cómo se ha forjado el encuentro notamos la ocasión propicia para el acercamiento. Percibimos que nos estaba esperando aun sin saber nuestro nombre ni conocer el rostro de nuestra dolencia.

Será, quizá, alguien que pasaba desapercibido, o que no conozcamos de nada, que incluso no sea consciente de su labor con el prójimo, tú o yo, y una vez finalizada su función, continúe con su vida ordinaria hasta que vuelva a ser enviado a cumplir con otra sublime misión.

De esa persona aprenderemos mucho, cambiará nuestra actitud hacia los que también sufren, porque nosotros mismos podremos restaurar otras víctimas.

Aquel ángel cuidó de Jesús hasta su prendimiento. Cumplió una labor que nadie más pudo llevar a cabo ya que los discípulos, los más allegados al Señor, se habían dormido. La compañía recibida por el Maestro sólo pudo proporcionársela él en horas duras e injustas. Dios Padre no le dejó del todo solo.

Sería hermoso estar atentos por si somos llamados a fortalecer a quien se siente desterrado de todo lo que considera la vida. Sería bueno ser persona-ángel de amor; persona-ángel de comprensión; persona-ángel que escucha; persona-ángel protector de miedos; persona-ángel que esté presente durante el proceso de despedida al más allá.

No cabe exceso alguno en hacer el bien. Sólo gente especialmente sensible es capacitada por Dios para ejercer estos ministerios.


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Isabel Pavón.
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