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Entre todos la mataron...
(Amaia Egaña).

Son interminables los objetivos que alcanzamos amparados por las paredes de nuestros nidos.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece en su articulo 25, “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica.

Es ilusión de toda pareja formar un nido propio. Los enamorados dejarán sus respectivos hogares para formar una sola carne y vivir en privado. Un refugio unido a otros que en su conjunto forman sociedades.

Desear tener unos metros de suelo propio es legítimo. En él, uno puede ser tal cual le apetece, consigue aislarse de los conflictos sociales durante algunas horas, se despoja de complejos y echa a volar la imaginación. Estudia, lee, ve televisión, se deleita con la música favorita, come, duerme.

Entre todos la mataron...

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Un lugar donde descansar, vivir en intimidad, alejarse por un rato de otros seres humanos. Necesidades básicas que todo ser merece. A la vez, en ese lugar logramos ejercer la ma/paternidad, criar a los hijos, multiplicarnos, ser feliz de alguna forma.

Son interminables los objetivos que alcanzamos amparados por las paredes de nuestros nidos.

En su conservación ponemos todo nuestro empeño, nos pasamos la vida invirtiendo nuestros ahorros para que forme parte de nuestra propiedad según la declaración Universal de los Derechos humanos.

Perderlo es como quedarse sin norte, permanecer a la deriva del aire, sentirse nada.

Alrededor de la finca que consideramos nuestra acampa el enemigo maltratador . Ente que no araña al que más tiene sino al más indefenso. Objeto/sujeto que no se enfunda en traje de combate ni lleva armas habituales de guerra. Usa, más bien, camisas, corbatas, trajes de marca y sus armas son las dañinas hipotecas, sus tanques son coches de lujo valorados en más euros que lo que cuesta una casa.

Este adversario se frota las manos con nuestras propias firmas plasmadas en hojas de papel manchadas con tita de sangre. Contratos que de buena fe fueron forjados y que, dadas las circunstancias actuales, no podemos cumplir.

Han pasado varios días del suicidio/homicidio de una mujer de Barakaldo. Su muerte ha sido la gota que colmó el vaso de la lucha a muerte entre banqueros y ciudadanos para ver quien se queda con la propiedad. A ver si es verdad que se están adoptando las medidas necesarias y eficaces para evitar tantos desahucios y otros fallecimientos por causas como esta.

Amaia Egaña, mujer de 53 años. Entre todos la mataron... y ella sola se murió.

 

 

Publicación en otros medios:
Protestante Digital



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Isabel Pavón.
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