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En la otra acera


Es sabido que para pasar hacia donde la otra persona se encuentra hay que estar por encima de muchas convicciones.


¡En momentos decisivos, se veía en completa soledad! Era consciente de que las decisiones se tomaban de manera personal, pero hubo días en los que hubiese requerido algún consejo amigo.

Su timidez era patente. La tenía atrapada. Los complejos le impedían participar del conjunto. Lo intentaba. Quería cambiar y no podía. Lloraba. Sentía rabia e impotencia. ¡Cuán débil era! ¡Qué difícil le parecía atreverse!

En el diario vivir le era más fácil caminar en grupo, pasar desapercibida. No tenía que cuestionarse nada, se dejaba arrastrar. Sin embargo, en épocas difíciles, ¡todo era tan cruel!

En la otra acera

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 En ocasiones tomaba partido diferente al que se esperaba de ella y esto la posicionaba en la acera contraria. Se descubría sola. Enfrente estaba el mundo, acusándola . En medio, la distancia vacía. Amigos, familia, compañeros, la abandonaban. La vida, por muchas vueltas que quisiera darle, tenía esas cosas, lo sabía.

Deseaba que alguien tuviese el valor suficiente que a ella le faltaba para cruzar a su lado y la acompañara. Sentía deseos de hablar, de ser consolada, de ser escuchada y no sabía como mostrarlos.  Si hubiese un alma que me enseñara a dar los primeros pasos con valentía... 

¡Cuántas veces necesitaba que no se rieran de ella, que no la miraran como a un bicho raro, que la trataran como a los demás mortales, que se le acercaran y la saludaran con un beso, le dieran un achuchón, le gastaran una broma... !

La soledad la cegaba. Sabía que si un amigo la acompañaba un rato, un trecho, sería capaz de ver más claro.

 Es sabido que para pasar hacia donde la otra persona se encuentra hay que estar por encima de muchas convicciones. Cruzar no quiere decir estar de acuerdo, quiere decir amar y, desde el amor, toda visión cambia . El amor llena el vacío que produce la distancia.

Cuando desde la propia orilla se mira a otros, no se puede apreciar con exactitud como son.

El dolor que produce los problemas, las decisiones que originan traumas, la falta de decisión ocasionados por la timidez, aíslan. Asaltan multitud de dudas.

 Los tiempos vividos en soledad no se olvidan, tampoco a quienes dieron el paso de acompañar un rato y compartir.  Hay seres a nuestro alrededor que precisan ayuda, que no pueden alzar el vuelo si no se les anima.  Debemos ser un simple punto de partida, ofrecerles el trampolín desde el cual darán el salto.  (Natalia Ginzburg).


Publicación en otros medios:
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Isabel Pavón.
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