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El síndrome del endemoniado

¿Cómo amar a los que son del mundo si nos alejamos de él, si miramos para otro lado, si el que está junto a nosotros nos causa repelús y desprecio... porque no somos de aquí?


Me aburre oír la malinterpretada expresión “no somos de este mundo” y al poco rato ser animados a amar al prójimo. ¿Cómo se entiende eso? Si se está enseñando que no hay que echar raíces, que nuestro reino está en los cielos, que estamos aquí de paso, que no podemos contaminarnos. Si nos agarramos a eso para no formar parte de la sociedad a la que pertenecemos. Si ese texto nos sirve para echar balones fuera. Si no tenemos en cuenta otros consejos que nos da Jesús nuestro Señor. ¿Cómo amar a los que son del mundo si nos alejamos de él, si ni siquiera leemos las noticias, si miramos para otro lado, si el que está junto a nosotros nos causa repelús y desprecio, si lo vemos como a un bicho raro sintiéndonos superiores porque no somos de aquí?

Entre todos la mataron...

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The Preacher! / Neil Carey (Flickr - CC BY-NC-ND 2.0)

¿Cómo amar si nos sentimos tan sublimes, tan de alta estirpe, tan extraterrestres a la altura del tercer cielo, tan puros? 

¿Cómo amar mirando por encima del hombro a quien nos parece tan pequeño e insignificante?

¿Cómo amar si consideramos apestado al que no conoce a Dios? ¿En qué medida le conocemos nosotros para darnos vuelos de grandeza? ¿Pensamos que no se nos nota la distancia que creamos?

Padezcamos el síndrome del endemoniado (Mc 5, 1-20), aquél hombre que sanó Jesús y le mandó a su casa, con los suyos, para que diese testimonio de lo que el Señor había hecho con él. Y lo hizo, y todos quedaron admirados. 

Las personas sanadas y redimidas por la gracia de Dios estamos presentes por un motivo que debemos cumplir: Amar a los de este mundo para que a través de ese cariño nuestro lleguen a conocer al que reparte amor verdadero. No nos lo guardemos, más bien regalémoselo a los otros.

Yo estaré con vosotros hasta el final del mundo.

Padre, no te pido que los quites del mundo sino que los guardes de él.

 

http://protestantedigital.com/upload/imagenes/54dd082d588f9_150212SindromeEndemoniado1.jpg
The world in my hands / wilma (Flickr - CC BY-NC-ND 2.0)

Podemos dar un repaso al texto completo. Completo. Sin excusas.

“Ahora voy a ti; pero digo estas cosas mientras estoy en el mundo, para que ellos se llenen de la misma perfecta alegría que yo tengo. Yo les he comunicado tu palabra; pero el mundo los odia porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los protejas del mal. Así como yo no soy del mundo, tampoco ellos son del mundo. Conságralos a ti por medio de la verdad: tu palabra es la verdad. Como me enviaste a mí al mundo, así yo los envío. Y por causa de ellos me consagro a mí mismo,  para que también ellos sean consagrados por medio de la verdad. 

No te ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí al oír el mensaje de ellos. Te pido que todos ellos estén unidos; que como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Les he dado la misma gloria que tú me diste, para que sean una sola cosa como tú y yo somos una sola cosa: yo en ellos y tú en mí, para que lleguen a ser perfectamente uno y así el mundo sepa que tú me enviaste y que los amas como me amas a mí... Juan 17:13-23.

"18 Al volver Jesús a la barca, el hombre que había estado endemoniado le rogó que le dejara ir con él.

19 Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: 

–Vete a tu casa, con tus parientes, y cuéntales todo lo que te ha hecho el Señor y cómo ha tenido compasión de ti. 

20 El hombre se fue y comenzó a contar por los pueblos de Decápolis lo que Jesús había hecho por él. Y todos se quedaban admirados". Marcos 5:18-20

Cuando conocemos a Jesús, queremos permanecer con él en la barca y no volver a la orilla que es el mundo. Sin embargo, Él nos anima a compartir con otros lo que ha hecho con nosotros.

 

Publicación en otros medios:
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Isabel Pavón.
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