Con Acento Poét.

  Enfermería

  ERE

  Evangelismo

  Misión Urbana

T por una Sonrisa

  Visita a los asilos

  Álbum de Fotos

  Arqueología

  Artículos

  Entrevistas

  Forwards

  Locura General

  Reportajes

  Testimonios

  Enlaces

Inicio



El paraguas


Cuando la herida viene de muy lejos
la sangre derramada no se seca

Mario Benedetti


Llevaba abierto el paraguas mientras deambulaba despacio entre los troncos de los álamos.

La vereda se hallaba alfombrada por las hojas que, desde hacía semanas, caían tan lentas como las menudas gotas de lluvia lo hacían en esos momentos. Pequeños surcos de agua corrían hacia el riachuelo cercano...

Si levantaba su mirada, aún podía contemplar a lo lejos los vestigios de las nieves azules sobre las cimas de las montañas.

El paraguas

2

 

Romántica como ninguna, le gustaba pasear sola, oír chasquear bajo sus pies la vegetación marchita. Meditar sobre su vida. Anudar una a una sus diversas ideas. Para ella los días así se convertían en períodos de confesión. ¡Cuántas cosas deseaba cambiar de su pasado!

Cuántos secretos inconfesables golpeaban su alma castigándola, estremeciéndola igual que las hojas de aquellos árboles antes de lanzarse al vacío para ser destronadas.

De todos ellos, el que más la atormentaba la acompañaba desde su adolescencia. Sabía que había llegado el momento de hacerlo desaparecer. Era la tarde señalada... ¿pero cómo, si sólo puede enterrarse lo que ha muerto? ...

Su vida no era la misma. Huir durante algún tiempo fue su salvación, cambiar de ciudad una solución durante los primeros años, pero su pasado seguía ahí, intacto, mordiéndola.

No se dio cuenta de que la lluvia había cesado y continuaba con su paraguas protector abierto.

Débiles rayos de sol comenzaban a atravesar el ceniciento cielo y alumbraban de nuevo la vereda que se iba rindiendo a su calor sin oponer resistencia. La inclemencia de la tarde desapareció por completo.

Algunos pájaros sin nombre iniciaron un cántico común posados sobre la vegetación silvestre. Gozaban. Se agitaban para desprenderse de las diminutas gotas de lluvia que humedecían y robaban el suave calor de sus alas.

Ella habría querido hacer lo mismo, sacudirse los recuerdos que también le robaban el calor de su vida.

Sin embargo, un pesado paraguas, tan antiguo como sus años, seguía ocultando el dolor de esa mujer sin sombra que lo llevaba.


Publicación en otros medios:
Protestante Digital



    -Indice de artículos de Isabel Pavón
    -Indice general de artículos

Isabel Pavón.
© SentirCristiano.com

Quiénes somos      Contacto      Preguntas Frecuentes