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El candidato perfecto


Al verle asomar la cabeza por el quicio de la puerta, el jefe del comité allí reunido le hizo la siguiente pregunta:


-¿Qué desea?

- Un puesto relevante. Sé que se han quedado algunos disponibles y la gente pide que me presente al concurso, dicen que soy el candidato idóneo para esta nueva etapa que ustedes abren.
- Bien. Vamos a hacerle algunas preguntas sencillas. ¿Está usted preparado para responderlas?
- Creo que sí, pero ¿me comprometen en algo las respuestas?
- En absoluto. Siéntese, por favor.
- Ha dicho sencillas, ¿verdad?
- Sí. Empecemos. ¿Tiene usted alguna preparación para ocupar un puesto de responsabilidad?
- Ninguna.
- Perfecto. Continuemos. ¿Acata usted las órdenes?


2

 

- Absolutamente todas, sin siquiera pensármelo dos veces.
- Esta actitud..., ¿le quita el sueño?
- Para nada. Duermo como un lirón.
- Si le preguntara dónde suele posicionarse usted ante los conflictos..., o sea, si sus criterios son puros o impuros, ¿qué contestaría?
- Mire, esa es fácil. Mi respuesta sería: Vivo en la ambigüedad, o lo que es lo mismo, entre Pinto y Valdemoro tengo mi morada.
- Me gustan sus respuestas. Prosigo. ¿Le afecta la desidia? Se lo pregunto porque a veces en nuestros proyectos no damos soluciones rápidas.
- Creo que es la mejor virtud que puede tener la persona que ocupa un puesto ilustre.
- Ahora tengo que hacerle algunas cuestiones sobre su currículun. ¿Le importa hablarme de él?
- Lo haré con gusto. Soy el promotor del proyecto “Plante un pino lo más cerca de su puerta”. Llevo la iniciativa de “¡Cuidado!, el palo del chupa Chups hace daño en los ojos de los niños”. Estoy escribiendo un libro para combatir el estrés, titulado “Extasíate mirando al perro”. Creo que cualquier editorial me lo quitará enseguida de las manos. Soy líder de un grupo en el que analizamos una de mis máximas preferidas: “Pase lo que pase, no saques tu opinión a la luz”. Y por último, recojo firmas para consolidar los derechos de la hormiga en el ordeñe del pulgón. ¡Ah!, lo olvidaba. Ayer comencé con otro bosquejo de concienciación ciudadana llamado: “¿Era Marilyn Monroe rubia de bote, o simplemente no?

- ¡Qué barbaridad! Es usted de mente hiperactiva. ¿Puede usted solo con todo eso?
- Puedo con eso y con más. Cuento con la ayuda de mi mujer. Entre los dos formamos un gran equipo. Yo tengo las ideas y ella las pone en marcha.
- Interesantísimo, todo eso me resulta tan innovador, tan original, tan productivo...
- Muchas gracias.
- Ahora pasemos al aspecto físico. ¿Cómo va de cervicales?
- Fatal. Vivo completamente con la cabeza inclinada. Me he acostumbrado a esa postura y... no hay collarín que me la quite, conocerá el refrán “genio y figura...”, pues se cumple en mí.
- Vamos bien. ¿Suele tomar por su cuenta algún tipo de decisiones?
- Perdón, ¿puede repetirme la pregunta?
- ¿Suele usted tomar algún tipo de decisiones?
- Por favor, ¿le importaría definirme el concepto “decisión”?
- No hace falta. Creemos que, como le dijo la gente, es usted el candidato perfecto. Le pondremos en la lista de votaciones, pero tranquilo, nosotros lo arreglaremos todo, usted fue elegido antes incluso de que lo sospechara nadie. No se lo va a creer pero hace tiempo que le teníamos echado el ojo.

Y la gente que le aconsejó presentarse para el puesto tuvo el candidato perfecto.


Publicación en otros medios:
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Isabel Pavón.
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