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El afán del prota

El prota no era nadie, nunca lo había sido y se tenía serias dudas de que alguna vez lo fuera. Y miren ustedes por donde, en un grupo polifacético, encontró su sitio. Ya saben, fue aceptado por aquello del respeto, el amor al prójimo, el deber de ejercitar la paciencia con todo hijo de vecino...

A los pocos días, al prota, se le subieron los humos. Se le hinchó la cavidad torácica (cuando esto ocurre a los otros se les suele hinchar las narices) y se arregló los pelos para aparentar ser un hombre honorable y maduro. Él pensaba de esa manera.

Con el paso del tiempo, consiguió ocupar un puesto que había quedado abierto por defunción. Se lo ganó a pulso, a base de hacer pantomimas, de traer y llevar chismes dentro y fuera de los despachos de la corporación. Digamos que hacía a la perfección las funciones propias de Radio Macuto.

Tanto despierto como en sueños, pedía a gritos ser reconocido como persona VIP. Quería demostrar que valía más que cualquiera de los mandamases. Por eso, aprovechando descuidos, iba poniendo su sello de identidad como guinda en los pasteles ajenos. Era su manera de ir sumando puntos.



 

Además de pastelero aficionado, también hacía, de vez en cuando, el mono y, ¡por supuesto!, le rieron las monerías. En todos sitios se cultiva la risa floja.

Como cualquier prota, hablaba antes y después de quien debía hacer uso de la palabra. Daba su opinión antes y después de quien estaba designado para darla. Aparecía a la vista de todos antes y después de quien, por derecho y programación, tenía que ser visto.

El prota bailaba solo en la pista de la vida al son de su propia música, sin darse cuenta de que la mayoría ni aceptaba su actitud, ni reconocía sus cualidades.

En una ocasión, al caminar por entre los pasillos de la existencia, alguien debió llamar a un tal Paco y él, rápidamente volvió la cabeza, porque en su afán de protagonismo, escuchó “¡Guapo!”. Dio las gracias con una seudohumilde caída de párpados.

El prota daba lástima.
El prota era inmaduro.
El prota daba risa.

Definición de prota jugando con la P: Pobre prota pues, como un potro, se complacía pegando pingos a las cinco en punto en el borde de un oscuro pozo. Le apareció una protuberancia en la parte de atrás de la mollera. Sentía profundas punzadas. Pensó que eran los dones que se le dispersaban por el cuerpo. Con picardía se rapó con prisa la cabeza para que le resplandeciera el prurito, sin percatarse de la perspicacia que producía en el prójimo.

Aún sigue entre su gente. A ver de que manera, siempre con amor y paciencia, pueden atarlo por la cintura y bajarlo de las alturas con cuidado, no vaya a ser que se rompa. A ver si pueden educarlo. A ver si pueden abrirle los ojos a la realidad. A ver si pueden, al fin y al cabo, madurarle el cerebrito.


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Isabel Pavón.
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