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Defendiendo la vida



Hace unas semanas corría por internet el vídeo de una adolescente que arrojó seis cachorros vivos a un río en Bosnia.

La asociación de defensa de los animales PETA ofrecía entonces más de 1500 euros a quien diese pistas sobre la autora.

En la grabación puede observarse cómo la muchacha y quien la acompaña, experimentan la liberación y el júbilo de tener un problema resuelto.

No sabremos nunca en cuántas ocasiones se han producido estos mismos hechos, ni por cuantas personas, pero no me cabe la menor duda que, a lo largo de la historia, han sido muchas y lo seguirán siendo. Están convencidas de que si un ser vivo estorba, y además es indefenso, lo mejor es quitarlo de en medio y disfrutar del hecho.

Las imágenes sobrecogen.


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Tampoco sabremos cuántas personas se han echado las manos a la cabeza, han puesto el grito en el cielo ante esta salvajada y, con desesperación, se han lanzado a la búsqueda de la caperucita rubia que oculta su rostro bajo la capucha de la sudadera (caperucita que, en vez de luchar con dignidad contra el presunto lobo que la acosa, decide quitar la vida a unas cuantas criaturas que nada tienen que ver con el asedio) y la persigan, no tanto por la recompensa, sino por la salvajada patente que ven sus ojos. Saben que lo que arroja a la corriente no son simples peluches.

De igual manera, no sabremos nunca cuántas personas que, habiéndose manifestado contra estos hechos, están del lado del aborto, han salido a la calle en masa porque consideran que una vida formándose en el vientre de la mujer no vale nada; que protestan y denuncian a todas aquellas personas que se niegan a practicar un legrado “porque sí”. Mentes torpes e incongruentes que apuestan exclusivamente por la vida animal, pero no por la humana que se desecha como basura en los quirófanos. Por eso, no puedo evitar pensar en la poca protección que tienen nuestros embriones.

Es necesariamente urgente que la raza humana busque un norte digno, tenga las cosas claras, recupere los valores perdidos, se duela de su carne y su sangre; y se una, de igual manera que para otras causas, en la defensa de los seres más inteligentes.

Se necesitan más asociaciones, más personas dando la cara y alzando sus voces por los hombres y mujeres que están por nacer y no podrán hacerlo; más videos en las distintas redes sociales y más concienciación dirigida hacia el bienestar de nuestra estirpe. Personas que no sólo se duelan ante la matanza de cachorros inocentes sino que apuesten por la vida de su propio linaje.


Publicación en otros medios:
Protestante Digital

Mujer de hoy


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Isabel Pavón.
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