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Decir sin que parezca

¡Cuántas veces queremos decir algo que no va a gustar y no sabemos cómo hacerlo!

Lo peor es cuando reina la presión, cuando sentimos en nuestra garganta el mensaje deseando salir al trote; o los cobardes nos hostigan para que actuemos de avanzadilla y hablemos en su nombre sin nombrarlos e ignoramos como vamos a salir del paso; o cuando nosotros mismos estamos deseando soltar algo que nos fastidia.

Existen trucos gallina para desembuchar sin que apenas se note. Por ejemplo decir lo que tienes que decir sin pelos en la lengua añadiendo a continuación la coletilla “con perdón”. Por supuesto que si antes de dar tu pregón antepones el “con perdón” ya estás avisando que lo que vas a decir no va a gustar, por eso conviene ponerlo al final y quedas divinamente porque es como solicitar clemencia al ofendido, como quedar bien sin merecerlo.

Al otro lado del Jordán

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También puedes decir un improperio maquillando la frase y tu intención haciendo uso de tu mejor sonrisa, así desarmas a tu oponente. Le desconciertas. Puede que hasta te dé las gracias antes de reflexionar en la ofensa que acabas de regalarle.

Otro modo de hacer presente tu opinión, si el asunto es grave y no hay más remedio, es soltarlo en otro idioma, digamos en inglés, for example. Es posible que necesitemos usar menos palabras y suene menos frívolo. Manifestar “tu cara no me gusta”, es duro. Sin embargo, “I don´t like your face”, suena de otra manera y quedas de primera, pues haces pensar a tu interlocutor si realmente es eso lo que quieres decirle o lo ha entendido mal y quisiste expresar otra cosa y mientras se asegura que realmente le estás insultando o condenando (es un decir), tú ya estás, mariposa, en otra cosa.

Lo peor que hay a la hora de expresarse es no conocer los ardides, o conocerlos pero no saber emplearlos según las instrucciones del Libro de Estados Incómodos.

Hay situaciones que en el caso que decidas callar, revientas, acudes entonces al mandato divino y dices que hablas en nombre de Dios para que no te lo discutan. Esa es otra opción, posiblemente el antepenúltimo cartucho a quemar.

Y el que viene después, el último, relacionado con el anteriormente citado, sería que, al echarnos como hermanos las cosas a la cara y liberar todo lo que se nos pasa por la mente, lo hiciésemos con un gran escudo protector, con fuerte arma espiritual en boca para evitar, en nombre del Altísimo, cualquier enfrentamiento o respuesta in situ, o sea yo hablo y tú callas, sería hacerlo con sonidos inenarrables y que sea otro el que interprete.  

 

Publicación en otros medios:
Protestante Digital



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Isabel Pavón.
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