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¡Dale a la piñata, hermano!


La piñata, adornada de diferentes formas y colores, está llena de falsas palabras, falsos milagros y falsas promesas.


Podríamos comparar la piñata de los cumpleaños infantiles con algunos mensajes festivos predicados por algún iluminado .

En estos casos, la piñata, adornada de diferentes formas y colores, está llena de falsas palabras, falsos milagros y falsas promesas.

¡Dale a la piñata, hermano!



¡Dale a la piñata, hermano!

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La vara para golpearla podría ser la fe, la tuya. Si tienes suficiente alcanzarás a romperla. Si tu fe es pequeña no podrás lograr las bendiciones y milagros que, según te dice, el Señor tiene reservados exclusivamente para ti.

Vamos, que la mejor excusa si no recibes nada será que es por tu culpa y que si no tienes fe, pídela y sino la recibes es porque pides mal, pues para todo engaño siempre hay versículos sacados de contexto.

¡Dale a la piñata, hermano!

Si una vez golpeada no te agachas a recoger lo que la piñata te ofrece, o sea, si no te humillas y te postras hasta el suelo, si no te inclinas, tampoco podrás recoger las bendiciones que el Señor te da.

¡Dale a la piñata, hermano!

¿Y ante quien te tienes que humillar? Pues ante el dueño de la piñata, el iluminado que la ha preparado y llenado de falsedades que posiblemente tú te crees. Ese que te habla de un dios milagrero hecho a su antojo porque, en estos casos, no formó Dios al hombre del barro sino el iluminado formó al dios de las mentiras que le convenía.

Así es.

Tal persona cree que puede dar y repartir como le plazca y a ti te cae tan bien porque te llena la cabeza de pájaros con plumas llamativas.

Este se salta la realidad de la vida pidiéndote que mires para otro lado y que, además, ya sea por miedo o valentía, tú le idolatras.

Sí, el que se posiciona como único portavoz entre Dios y su mensaje. El que te manipula a su antojo. El que atemoriza al personal. El que no está por ti y te exige que estés por él. El que habla de proyectos propios como si fueran comunes e inducidos por el Espíritu Santo.

Sí, efectivamente, ese que vive del cuento en nombre del evangelio. Eso es, el que predica al tún tún las ideas que se le vienen de pronto al pensamiento y busca ton ton-es que se las crean.

Si eres uno de estos consentidos que gustan de dioses falsos, ¡dale a la piñata, hermano!

 

Publicación en otros medios:
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Isabel Pavón.
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