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¡Cuidado con los piropos!

Hay personas a nuestro alrededor que nunca antes han reparado en nosotros y de pronto, un día, sin venir a cuento nos lisonjean.

“…ojo no te pases, ellas se alarman en cuanto te sales del guión” Carmen Posadas, del libro Pequeñas infamias.


Ya seas hombre o mujer, no hay nada que levante más el ánimo y siente mejor a los oídos que escuchar un buen piropo.

Un piropo le alegra el día a cualquiera, es alimento espiritual y correspondemos con gratitud. Quienes los regalan, saben que están actuando de manera gentil.
Por otro lado, observamos que hay personas a nuestro alrededor que nunca antes han reparado en nosotros y de pronto, un día, sin venir a cuento nos lisonjean, alaban nuestros dones, nuestro trabajo, nuestra figura y nuestros gustos.

Lo primero que nos viene a la mente es “¡Qué buena gente, cuánto tiempo hemos perdido sin hablarnos!”

 	¡Cuidado con los piropos!

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Pero cuando esa persona ve el terreno lo suficientemente abonado, viene a pedirte el favor que desde hacía tiempo estaban tramando. Es entonces cuanto se te caen los palos del sombrajo, se te abren los ojos y ves claro el pastel que antes ni siquiera imaginabas se estaba cociendo. Esta manera de actuar va unida a la manipulación, la usan los embaucadores y no es sana.

Otros tiran flores a los pies ajenos mientras y, a solas, se frotan las manos acechando el momento . Ven un futuro comprador de sus productos, un posible súbdito de sus ideas o proyectos, un incipiente colaborador, te imaginan como presa, y si te dejas engatusar pasaras a su fila de súbditos y te tratará siempre de la misma manera.

No nos damos cuenta hasta que hemos caído en la trampa y nos cuesta salir de ella. Esta gente no es clara, no anda derecha. Salen a la luz al final. Son expertos y viven de eso, juegan sus cartas de esa manera.

Particularmente, cuando alguien me halaga sin venir a cuento, cuando noto que lo que me dice está fuera del guión, me alarmo . Me dan ganas de preguntar: Oye ¿Quieres algo de mí? ¿Buscas algo? ¿Tú vendes algo?, y no es por meter la pata, es por miedo al futuro desconocido en el que me puedo estar metiendo.

¡Ojo! ¡Cuidado con los piropos! Si ves que la propuesta que viene detrás no es para ti, no la aceptes. Morder su carnaza sale a veces muy caro.

 

Publicación en otros medios:
Protestante Digital



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Isabel Pavón.
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