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Cuchara va, tenedor viene

La comida que entra a la mente debe ser observada tan cerca como la comida que entra a nuestro cuerpo.
- Patrick Buchanan, periodista y político americano.


Como cada primavera, al reventar los capullos de las flores, Tere congregó a la familia e invitó, además, a su amigo Manu para que hiciera el almuerzo.

Manu no sabía cocinar pero era tan buena persona, tan sencillo, tan simpático que daba gusto estar con él. 

Entre todos la mataron...

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Llegaron temprano. Se saludaron efusivamente y se sentaron alrededor de la mesa. Manu, que no cocinaba pero era una excelente persona comenzó a servir los platos que, sin tener idea de la combinación de alimentos, había preparado con ilusión. Sin escasez de ideas e imaginación, de primero sirvió flan con espuma de tomate y alcachofa hervida. De segundo ofreció huevos duros atravesados por un apio. De tercero ensalada de piel de patatas. Cuando iba a servir el postre, sopa de leche con tropezones de limón, la mitad de los presentes se había ido, la otra mitad permanecía presente, cuchara va, tenedor viene, tragando aquello como buenamente podía y que, siendo hervido, les tenía fritos, porque Manu, aunque no sabía cocinar, era muy buena persona y le debían respeto, pobrecito, además había que agradecerle el gesto de haber cocinado para ellos lo que era incomible. Los que marcharon compadecían a los que se quedaron. Los que se quedaron, criticaban a los que marcharon tachándolos de pijos y orgullosos en vez de reconocer su propia cobardía.

Esta situación solía repetirse con cada florecimiento. La familia comenzó a tener problemas estomacales después de cada celebración, aunque los sufrían en silencio. No hablaban de los causantes de los males, porque Tere era muy buena anfitriona y Manu era una bellísima persona que no merecía crítica alguna. Tere sabía que Manu no era la persona adecuada pero ¿a quién llamar para que cocinara? Conocía poca gente que estuviera dispuesta a hacerle el trabajo. Por otro lado, Manu contaba chistes a los presentes, se hallaba disponible siempre, amenizaba la fiesta y... no cobraba.

 

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Isabel Pavón.
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