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Cuando la envidia se convierte en barítono... y canta


Algunos seres humanos, en su ignorancia, se dedican a alimentar esta dolencia en vez de eliminarla.

"A la sombra del mérito se ve crecer la envidia".
Leandro Fernández de Moratín

 

Cuando la envidia se convierte en pésimo barítono y canta, los que están cerca oyen su voz transformada en desafinadas notas musicales. Toma cualquier posición y se hace notar de manera extraordinaria. Quiere que todos entonen su son y sigan su mismo ritmo.


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Cuando el mal de la envidia se cree barítono y canta, lo hace gritando, pues piensa que nadie la escucha. Vive convencida de que su voz se pierde entre otras voces y berrea más y más hasta el punto de que todos los que están cerca se apartan.

Cuando la envidia se convierte en mal barítono... y canta, es porque no se conforma con lo que tiene y necesita que todos la miren, la mimen, la halaguen, le presten atención, le rían las gracias, le lloren las desgracias, la quieran más que a nadie. Todo esto está bien, pero no quiere sólo eso, necesita que los demás lo pasen mal. No soporta el bienestar ajeno.

Cuando la envidia se convierte en mal barítono... y canta, es por pura necesidad narcisista. Se ahoga imaginando alguna sombra que pueda ocultarla a la vista de los demás.

Cuando algunas personas se convierten en malos barítonos... y cantan, es porque algo tienen en la garganta: la envidia que no les deja vivir como Dios manda. Pasan la noche en vela, ideando como construir castillos de mentiras, patrones para hacer daño y más daño. No se dan cuenta de que esto se les vuelve en contra como un bumerang.

Algunos seres humanos, en su ignorancia, se dedican a alimentar esta dolencia en vez de eliminarla. La persona envidiosa cuando no es consciente de su enfermedad se dedica a engordar su defecto aunque sea con alimento inventado.

Esta afección tiene un significado claro según lo expone Susanna Tamaro en su libro Anima mundi: La envidia es el miedo a no ser amados lo bastante.

Un ejercicio recomendable para hacerla desaparecer consta de tres partes. La primera sería enfrentarnos al problema cara a cara y proponernos con firmeza llevarle la contraria. La segunda, descubrir el mucho amor que podemos dar y recibir. La tercera sería disfrutar de la paz interior que entra cuando ella sale.

 

Publicación en otros medios:
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Isabel Pavón.
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