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Consolar con justicia


La justicia es una espada de amor que comenzamos a esgrimir nosotros mismos cuando alguien nos necesita a su lado.


 (Para A, reina de las reinas)

 

Es normal sentir inquietud cuando alguien comete una injusticia, ya sea contra nosotros, contra cualquier ser amado, o contra lo que resulta ser de nuestro interés. Pero sobre todo, lo primero, cuando nos llega la noticia de que algo tremendo y malo se extiende sobre nuestra persona. Un nudo se nos agarra al estómago y no lo suelta. Nos sentimos abatidos, dañados. Sentimos dolor físico y espiritual. No sabemos como aclarar las cosas porque, en esos momentos, creemos que nadie nos creerá. Necesitamos con urgencia que Dios encienda la luz de nuestra inocencia, que la vean, que además, alguien, de cerca o de lejos, nos defienda, que nos quiera, que apueste por la verdad, que nos comprenda. Necesitamos ayuda. Necesitamos consuelo con urgencia, la lealtad que sella la amistad. Pero esta ayuda no suele llegar tan rápido, a veces necesita tiempo. Hay que dar oportunidad a los demás para que juzguen, comparen, comprueben, investiguen, incluso lo vivan en sus propias carnes y aún así, hay veces que la justicia no llega, que las malas personas, con sus difamaciones, ganan.



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De todo este dolor podemos aprender que la justicia es una espada de amor que comenzamos a esgrimir nosotros mismos cuando alguien nos necesita a su lado. Hacer justicia es un compromiso personal que hacemos con los amigos con independencia de lo que otros opinen. Nuestra mayor obra es adherirnos a ellos en su necesidad, consolar y apoyar, devolverle la paz que ha desaparecido de su corazón. Sólo cuando ejercitamos justicia, o sea, la labor de otorgar la libertad de acción que el otro se merece en vez de condenarlo, podemos entender el bien que nos hace practicarla, porque si el que la recibe se siente amado, el que la da se siente amado de igual modo y entre ambos florece la fortaleza. Habría que centrarse más en esta contrapartida que nos provoca el mal que otros nos causan, disfrutar de esas pocas personas que se ponen de nuestro lado y sentir su cariño, ese afecto que hace las veces de bálsamo bueno sobre la herida que nos hace sufrir y que en otros momentos no notamos, o notamos poco, quizás porque no hace tanta falta. Las injusticias nos sirven para darnos cuenta de qué personas están de nuestra parte, de cuántos levantan su voz a nuestro favor sin temer consecuencias adversas, porque el silencio está claro que mata. Esta es la parte buena, la que nos abre los ojos sobre la verdadera amistad. Porque los falsos testimonios, las envidias, las malas palabras, las interpretaciones erróneas, las críticas, las vamos a tener siempre, cosas que todo lo aclara el tiempo, pero los amigos están ahí, prestos para nosotros y nosotros prestos para ellos.

 


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Isabel Pavón.
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