Con Acento Poét.

  Enfermería

  ERE

  Evangelismo

  Misión Urbana

T por una Sonrisa

  Visita a los asilos

  Álbum de Fotos

  Arqueología

  Artículos

  Entrevistas

  Forwards

  Locura General

  Reportajes

  Testimonios

  Enlaces

Inicio



Carta dolida por admiración rota


Hoy, después de tanto tiempo, te veo de nuevo.

Detengo sin prisas mis pupilas en tus labios y, una vez más, apareces envuelto en una capa de gruesas palabras que cubre tu ser entero.

Te observo. Te miro y aún no comprendo cómo he podido tener los ojos tan velados. La admiración que hacia ti sentía era limpia y confiada; sin doblez, transparente. Por la amistad que había depositado en ti, yo habría caminado a tientas hacia las veredas que exponías en tus discursos místicos.

¡Qué fácil se me hacía Dios al escucharte! Me bastaba el tono de tu voz para creer que Dios habitaba sumiso entre mis manos, que lo que decías era cierto, sublime, inspirado por un don divino...

Carta dolida por admiración rota

2

 

¡Cómo pude estar tan ciega!

Tus palabras están vacías. Suenan bien y no alimentan. En todo caso, era el Espíritu del Señor quien las transformaba para paliar un poco el hambre que sentía...

Me has engañado y, en cierto modo, estoy aturdida. No es porque no sepa hacia donde debo caminar si tú no vienes a mi lado..., no es eso. Pero... avanzando, he sentido un golpe traicionero en la admiración que por ti sentía. Se ha roto como un cristal. De ahí que esté tan desconcertada.

Mi meta es clara. La veo sin ti y eso no la empaña, aunque duele. Amigo, tú me dueles.

Haces daño cuando...
Hablas y hablas sin dejar hablar a nadie.
Cuando hablas de hacer sin dejar hacer a los demás.
Cuando hablas de orar y no permites que otros oren.
Cuando hablas de mejorar y no permites mejorar.
Cuando hablas de discernimiento y no permites discernir.
Cuando hablas de trabajar y nos atas las manos a la espalda.
Cuando hablas de dar ánimos y al mismo tiempo desalientas.
Cuando hablas de alegrías y provocas llantos.
Cuando hablas de congregarnos y provocas soledades.
Cuando hablas de dar gracias al Señor por mí y me rechazas descaradamente.
Cuando hablas de que Dios confía en mí mientras tú dudas.

Dueles y haces daño.

Hablas y hablas y hablas... ¿Para quién hablas? ¿A quién diriges tus palabras? ¿Qué público te sigue? Menosprecias los tiernos brotes recién nacidos de tu huerto. Niegas con tus hechos lo que afirmas con tus dichosas palabras.

Te miro hoy y qué pequeño me pareces, qué triste, qué pobre, qué insignificante... Y por más que grites tus mensajes, por más que gesticules con tu cuerpo... qué falsas suenan tus promesas.

Amigo, te quiero y no me quieres. Tú me dueles. Me dueles y haces daño.

Estás convencido de que puedes ser guía de los ciegos y luz de los que andan en oscuridad; de que puedes instruir a los ignorantes y enseñar a los sencillos, ya que en la ley tienes la regla del conocimiento y la verdad.Pues bien, si enseñas a otros, ¿por qué no te enseñas a ti mismo?... Rom 2:19-21

Compañero de camino, aunque no quieras verme, estoy aquí..., y continúo paso a paso en el sendero..., y te observo..., y una vez más detengo sin prisas mis pupilas en tus labios...


Publicación en otros medios:
Protestante Digital



    -Indice de artículos de Isabel Pavón
    -Indice general de artículos

Isabel Pavón.
© SentirCristiano.com

Quiénes somos      Contacto      Preguntas Frecuentes