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Bromistas y burlones


Al que toca la brea, se le pega en la mano; y el que se junta con burlones llega a ser como ellos. Eclesiástico 13:1.

¡Qué agradable es pasar un rato con los bromistas!

Cualquier grupo de amigos puja por incluirlos en sus fiestas y reuniones. Eso ocurre porque, en cierto modo, son gente atrevida que arrastran a los que no se atreven a las risas. Crean ambiente. Despejan el espíritu tímido y nos hacen olvidar temporalmente los problemas.

Reírse es la mejor terapia del mundo. Pero, ¡ojo! ¿De qué o de quién nos reímos? Algunos bromistas se toman la confianza enseguida y pasan a la falta de respeto escudándose en su ingenio y fortaleciéndose en quienes le aplauden.

Yo he caído en eso. Me he reído de lo que no debía y me he dejado llevar por la risa facilona de los otros. Cuando he reflexionado, me he sentido mal.

Bromistas y burlones

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Los bromistas burlones suelen tener salida para todo. Si escupen un chiste a la cara contra tu persona, o contra alguien que quieres y le paras los pies, haciendo muecas de honesto angelillo te acusan (pobre de ti) de nos saber aceptar su cándida broma, o de que no tienes el alcance suficiente para comprender lo que quiso decirte, o sea, que te falta inteligencia y tergiversas sus palabras.

Tras la actitud de estos personajes habita el orgullo, la soberbia y el intento de disimular la ignorancia propia.

Algunos inocentes no son capaces de enfrentarse a estos valientes creadores de risa maligna, sufren humillaciones, agachan la cabeza o cambian de tema para salir del paso. El bromista, apoyado por el grupo, se ceba en el débil. Se siente en su salsa.

Todos conocemos a gente que abusa con bromas y desprecios de la gente honrada. Lo mejor es no formar piña con ellos porque...

El Señor se burla de los burlones, pero trata con bondad a los humildes Pr.3:34

Mi abuela, que en paz descansa, decía: “Niña, ten cuidadito, porque desde que existen las bromas, existe la poca vergüenza”. Era analfabeta pero daba cada consejo...


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Isabel Pavón.
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