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Bendecir en vano


En la mayoría de las ocasiones se ha convertido en una frase hecha, o sea, que la pronunciamos sin pararnos a pensar en su significado.

¡Cuánta supersticiones! Basta decir “¡Jesús!” tras un estornudo para que enseguida algún mojigato te llame la atención diciendo que estás usando el nombre de Dios en vano, o sea, de una forma vacía, y te lo dice como con miedo, como advirtiendo de que algo malo te puede pasar si sigues por ese camino.

El nombre de Dios se banaliza con frecuencia, ya sea a través de las palabras, por ejemplo, como cuando interrumpe a quien está predicando con un ¡Gloria a Dios! sin venir a cuento, distrayendo a la congregación, como con aplausos inútiles y constantes detrás de cada frase que se pronuncia desde el púlpito, además de con múltiples proyectos, obras mundanas que llevan el nombre de Jesús en el letrero para convencer al personal de que lo que se está haciendo es bueno y viene proyectado desde lo más sublime, no de nosotros.


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Formamos parte de constantes estupideces en las que nos vemos limpios de pecado y denunciamos con minucias a los demás.

Otra manera de tomar el nombre de Dios en vano es usarlo cuando aparentamos estar alabándole y lo que tenemos en la mente son temas escasos de espiritualidad.

Engañar en nombre de Dios con las finanzas, también es tomar su nombre en vano. Llamar la atención a los presentes sacando pecho en nombre del Creador y escondiéndolo en ocasiones graves, como pueden ser las injusticias que se comenten en la iglesia o fuera de ella, siempre es malo.

Poner versículos sin ton ni son en el Facebook propio y en el ajeno puede considerarse tomar el nombre de Dios en vano pues, de tanto repetir y repetir, pierde su sentido original y su contexto. Peor aún es hacerlo en ocasiones usándolos como arma destructiva contra los otros, los que no piensan como nosotros, los no creyentes, o incluso los que forman parte de la iglesia.

Como cristianos, nuestro saludo y despedida consiste en desearnos las bendiciones del Señor. Se nota a leguas que en la mayoría de las ocasiones se ha convertido en una frase hecha, o sea, que la pronunciamos sin pararnos a pensar en su significado, como cuando decimos buenos días al vecino, si es que le saludamos en vez de hacer la vista gorda, sin ser conscientes de que le estamos deseando que le sucedan muchas cosas buenas durante esas veinticuatro horas.

Sobre este tema me planteo, al mismo tiempo, la siguiente cuestión, ¿tomamos el nombre de Dios en vano cuando se le dice a una mujer “que el Señor te bendiga” y luego le negamos esa bendición? Particularmente, cuando oigo esta frase y viene dedicada a mi persona me dan ganas de preguntar ¿en qué deseas que el Señor me bendiga? Y digo esto porque en realidad sé que se nos trata como cristianas inferiores, porque sé que se nos niega compartir los dones que nos regala el Señor, porque sé que no se nos permite dar testimonio de su obra en nuestra vida, cuando sé que no se nos deja predicar ni pastorear, ni nada de nada. En vano se toma el nombre de Dios y en vano se intenta cambiar su voluntad cuando somos nosotros los que tenemos que cambiar y reconocer la igualdad entre hombres y mujeres.

Resulta más fácil llamar la atención a uno que responde a un estornudo, que decirle a alguien “eso que estás haciendo no es obra de Dios y haces mal uso de su nombre”. No somos valientes, ¿verdad?, colamos el mosquito y nos tragamos el camello.


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Isabel Pavón.
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