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Amiguitos del alma


El favoritismo pesa sobre nuestras cabezas como una loza, crea rencillas, provoca rivalidades, surgen enemistades, el ambiente se enrarece y lo divino desaparece.



Las noticias nos ponen al día de los chanchullos que los políticos se traen entre ellos y lo difícil que resulta esclarecer los hechos. Cada partido enchufa a los suyos como puede. Matrimonios hay que se reparten la mejor parte en puestos de consideración. Hermanos hay que ofrecen puestos de trabajo a otros hermanos, primos, cuñados y a amigos de estos. Plazas laborales hay que ya estaban concedidas antes de salir a la luz publica.

Estos casos nos irritan y a los más necesitados les brotan lo peor de sus pensamientos. No es justo que personas preparadas estén pasando necesidad, depresiones, infelicidad, que no puedan realizarse mientras otras, sin dos dedos de frente, tienen buen sueldo y plazas fijas.


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Tal y como está el panorama laboral estaremos de acuerdo en que es posible que cuando Dios dijo a Adán "te ganarás el pan con el sudor de tu frente" no le estaba maldiciendo y si fue así, hoy día podemos decir "bendita maldición", perdonen la incongruencia.

Cada vez con menos miedo criticamos lo que hacen los políticos con sus familiares y sus amiguitos del alma. Ponemos el grito en el cielo cuando conocemos estos casos y creo que hay iglesias en las que pasa lo mismo. Es posible que en menor escala, pero pasa.

Hay responsables de congregaciones que no ceden lugar a miembros que no llevan su ADN. Sus familias ocupan los cargos eclesiales, ya sea en predicaciones, tesorería, biblioteca, músicos, líderes de células, responsables de jóvenes, escuela dominical, estudios bíblicos, grupos de oración, cursos pagados, viajes fantásticos pagados por todo el grupo con el evangelio como excusa y mucho más. Parece que estos lo hacen todo bien porque nadie se atreve a contradecir sus decisiones.

Estos dadores de puestos anulan los dones que el Espíritu reparte a los suyos como quiere, a quien quiere y donde quiere y le entristecen. Se rodean de personas que siempre les darán la razón, les apoyarán y serán incapaces de contrariar a los jefes que por miedo a perder su dominio tendrán sentados en los bancos a aquellos que, aunque bien formados, les puedan contrariar. Apagarán su alegría y su disposición a servir.

Algunos dirán que actúan así porque en su congregación no hay quien se ofrezca a trabajar, mejor dicho a servir y que por eso tienen que acudir a sus más "próximos". No obstante, esto no es siempre cierto. Si lo fuera habría que plantearse otra cuestión distinta a la que comento. Sería sobre la conversión verdadera de los que allí llegan para calentar asientos.

Vuelvo al tema. El favoritismo pesa sobre nuestras cabezas como una loza, crea rencillas, provoca rivalidades, surgen enemistades, el ambiente se enrarece y lo divino desaparece.

Los que aceptan entrar en estos círculos se ven sometidos a esclavitud de por vida a quien los compra. Se verán obligados a pagar con su sometimiento el estatus que disfrutan. En el fondo, han perdido su libertad, el sentido de la amistad y, cómo no, el bienestar de su alma.

¿Nepotismo también en la iglesia...?

 

 

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Isabel Pavón.
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