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Al tuntún


No hay diferencia entre ciegos espirituales. Sin embargo, algunos de estos que andan al tútún buscan tontones para ponerlos de su parte y los encuentran sin dificultad.



Existen los que creen que la luz es dañina porque se interpone entre ellos y sus propósitos.

Da lo mismo la edad y el sexo a la hora de colocarse una venda para caminar de la mano según les indique el viento y agarrarse a los más ínfimos detalles para defender su ceguera voluntaria.

No hay diferencia entre ciegos espirituales. Sin embargo, algunos de estos que andan al tútún buscan tontones para ponerlos de su parte y los encuentran sin dificultad. Están los que les gusta correr riesgo y los que se envalentonan y se arriesgan a provocarlo. Estos dos modelos se alían en beneficio propio, forman clan, crean su propio camino irreflexivo y ponen toda clase de pegas a los beneficios de la luz y a quienes la defienden.


El miedo al conocimiento nos ciega

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Se empeñan en hacer creer que lo blanco es negro y viceversa pues, a pesar de su ceguera y su gusto por las virtudes superfluas, tantean el azar y le dan una importancia enorme, son orgullosos y piensan que están muy por encima de los demás. En muchos casos, los videntes, con el amor fraternal como excusa, hacen la vista gorda, consienten, tanto, tanto, que poco a poco comienzan, ojo a ojo, a perder la visión.

Estos excéntricos que viven inmersos nada más que en la charlatanería humana disfrazada de evangelio se encuentran bien como están pues no tienen compromisos serios aunque seriamente aparenten tenerlos.

Hablo de invidentes espirituales que sin poseer conocimiento alguno se creen dioses y exigen respeto. De ellos Jesús dijo:  Dejadlos: son ciegos que guían a otros ciegos, y si un ciego guía a otro los dos caerán en el hoyo  (Mt 15,14).

Se sabe que Jesús curaba a los enfermos, pero respetaba la libertad de decisión de los idiotas pues estos, aunque fuesen obligados a llevar la luz enganchada en la frente, seguirían sin querer ver.

 

Publicación en otros medios:
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Isabel Pavón.
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