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Absteneos de la levadura


¡Guardaos de la levadura de los fariseos y los saduceos! Entonces comprendieron que Jesús no les había dicho que se guardaran de la levadura del pan, sino de la enseñanza de los fariseos y los saduceos. Mt 16, 11-12

Absteneos de la levadura que algunos vienen añadiendo al evangelio pensando que sin ella no resultaría lo suficientemente atractivo y, por otro lado, no se llenarían los bolsillos como se los están llenando, pues hacen de la Palabra objeto de compraventa. Para que se acuda a ellos añaden interpretaciones, engrosan con golosinas, adornan con colores o inventan supercherías vanas. Con esto engañan a las personas de corazón necesitado de amor, siempre presentes en la sociedad; a los que sufren pobreza sea del tipo que sea; a los enfermos físicos o espirituales: a los simples que van de aquí para allá por donde el viento los lleva, e inventan las fantasías desmesuradas de un falso señor.


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Más que cualquier otra cosa alientan a caminar por las sendas de la milagrería, la fatuidad y la prosperidad. Borran de las escrituras el significado de cargar con la cruz y seguir a Cristo, que también cargó con la suya.

Se envuelven de una autoridad que no les viene de Dios sino que ellos mismos se otorgan y con ella se disfrazan de corderos. Hacen del evangelio una farsa, un espectáculo, de tal manera distraen al que escucha que ni se da cuenta de que le están manipulando. Son chantajeados y convencidos con normas enmascaradas de cristianismo sin ningún fundamento. Les ofrecen un gozo que oprime. Prometen felicidad sin adversidad, alegría sin desesperación, algo frustrante cuando el engañado descubre que jamás alcanza ese fin.

Estos predicadores que se propagan por doquier no ofrecen el pan del evangelio sino la levadura fermentada de un deleite discutible. Entusiasman a la gente con absurdas promesas, con vidas irreales y les culpan, además, de su poca fe en caso de recibir sus quejas.

Intentan eliminar la realidad de la vida, la vida misma. Ofrecen promesas como globos de gas que hacen como si subieran al cielo pero, a mitad de camino, se pierden y caen, logrando ver así otro tipo de estrellas.

Jesús discutía con fariseos y saduceos, pues tenían por norma valorar más el envoltorio que el interior. Todavía no lo hemos entendido pues hay iglesias que se llenan de buscadores del hongo de la fermentación.


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Isabel Pavón.
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