Con Acento Poét.

  Enfermería

  ERE

  Evangelismo

  Misión Urbana

T por una Sonrisa

  Visita a los asilos

  Misión Israel

  Álbum de Fotos

  Arqueología

  Artículos

  Entrevistas

  Forwards

  Locura General

  Reportajes

  Testimonios

  Enlaces

Inicio



ZAFIROS EN LA VENTANA

Cuando Luisa se acostó por la noche, creyó que ya nada le quedaba por hacer en la vida. Nadie la necesitaba ahora. Si aun cuando estaba cumpliendo una tarea útil y necesaria, atender a su padre enfermo, su padre y el resto de su familia le estuvieron diciendo durante años que no hacía nada, que ninguna cosa que hiciera poseía algún valor, ¿qué podía esperar ahora cuando todo había terminado? Con todo, el cansancio hizo que al fin se durmiera.

Cuando despertó por la mañana, vio algo que muchas veces había mirado, sin poder apreciarlo por la prisa y las preocupaciones que le esperaban a continuación. Como no le gustaba echar la persiana completamente por la noche, entre las rendijas se filtraba una claridad muy tenue, procedente de la iluminación nocturna. Ahora las rendijas eran como zafiros, porque el día amanecía luminoso y despejado.

Todavía asombrada de que hasta ese momento no hubiera apreciado algo tan hermoso, efectuó su particular ritual matutino. Después de prepararse el desayuno, le pareció que sabía mejor que otras veces, al poder tomarlo sin prisas ni agobios. Además, faltaba lo que amargaba esta y otras comidas, por apetitosas que fueran. Faltaban el menosprecio, las palabras hirientes, las descalificaciones.

A continuación se arregló con toda la calma que le apeteció para ir a por lo que necesitaba, empezando a comprender las ventajas de su nueva situación.

En la calle, se encontró con su vecina Toñi, que siempre había sido amable con ella. Toñi la saludó cariñosamente y le dijo:

-¡Qué bien que te haya encontrado! Mi prima Ana me había preguntado si conocía alguna persona seria y responsable para cuidar de su madre, y le hablé de ti.

Luisa tardó en comprender lo que le decía, hasta que al fin dijo incrédula:

-¿De mí?

-Sí claro, mujer. –Toñi también se retrasó un poco en entender lo que le sucedía a Luisa- ¿No te habrás creído lo que decía tu familia? Tú has demostrado valer más que todos ellos juntos. No conozco otra persona mejor preparada que tú para cuidar de mi tía. Tú vales mucho, y quien diga otra cosa en realidad está hablando de él mismo.

El resto de la conversación continuó de una forma parecida. Luisa continuó su camino alegre bajo la luz de la mañana. La vida seguía para ella, diferente y con nuevos retos.

Porque siempre hay nuevos retos, y no hay ninguna persona que no sea útil o necesaria para otras.


Mª Auxiliadora Pacheco

    -Indice de artículos de Mª Auxiliadora
    -Indice general de artículos


© sentirCristiano.com

Mª Auxiliadora Pacheco Morente

Quiénes somos      Contacto      Preguntas Frecuentes