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VIVIENDO ENTRE PUNTALES

 

Mª Auxiliadora Pacheco Morente 

 

“A cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las pone en práctica, lo compararé a un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca. Descendió la lluvia, vinieron ríos, soplaron vientos y golpearon contra aquella casa; pero no cayó, porque estaba cimentada sobre la roca. Pero a cualquiera que me oye estas palabras y no las practica, lo compararé a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena. Descendió la lluvia, vinieron ríos, soplaron vientos y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina”. Mateo 7:24-27.
 

Hay una barriada en Málaga de bloques que en su día fueron construidos con el fin de ser habitados por personas humildes. Y efectivamente, allá fueron enviadas gentes humildes, y  ya en muchos casos es la segunda generación la que habita en esas viviendas. Pero desde el principio se dejó claro que esos bloques, esa barriada, estaban destinados a gentes humildes. Eran viviendas pequeñas, con materiales de construcción de baja calidad, sin un buen estudio del terreno sobre el que se edificarían los bloques, y bloques de cuatro plantas sin ascensor. Además, la barriada estaba separada del resto de la ciudad por varias barreras, que con el tiempo se incrementaron. Por un lado, el río Guadalmedina, por otro, carreteras que con los años aumentaron, y terrenos sin edificar en el lugar restante. Con el tiempo, los malos materiales y el poco cuidado en el terreno donde se edificó la barriada, tuvieron sus consecuencias. Pasados los años, muchos bloques empezaron a agrietarse, y actualmente una buena parte están sostenidos por puntales. Muchas personas de esa barriada se encuentran actualmente viviendo entre puntales. Llevan años esperando soluciones, pero solamente les dan palabras. Al ser gentes humildes sus habitantes, como ya he dicho, hay mucha pobreza. Es cierto que hay marginalidad, pero también hay mucha solidaridad, y en ella conviven pacíficamente personas de diversos orígenes. Algunas iniciativas fruto de la solidaridad de sus habitantes son un comedor social gestionado por vecinos de la barriada, y un centro de rehabilitación de adicciones, entre otras más.

En estos últimos años, dos cadenas nacionales se han fijado en esta barriada para hacer reportajes sobre ella, de los que incluso han hecho reposición, para que se divulgara lo máximo posible lo que sus enviados habían querido exponer al mundo sobre ella. Invito a mis lectores a reflexionar sobre en lo que ellos habrían enfocado un reportaje en una barriada como la que les estoy describiendo. Espero que la mayoría piense que en describir una barriada con muchos problemas, pero que a pesar del olvido institucional, sus vecinos sacan pecho, y luchan por quienes más lo necesitan, y conviven personas de diferentes orígenes.

Pues si ha sido eso lo que han pensado les digo que se han equivocado por completo. Esas cadenas enviaron a sus reporteros más amarillistas, que se dedicaron a buscar lo más feo, y a añadir un problema más a los otros que ya tenía: el estigma público y nacional. No se indignen tan pronto, que seguramente muchos de ustedes habrán participado, o bien como receptores impasibles o como divulgadores comentando acerca de dichos reportajes, que para mí tienen un nombre que no escribo por educación. Les desvelaré el nombre de la barriada. Estoy hablando de La Palmilla, en Málaga.

La historia de esta barriada, sobre todo sus últimos acontecimientos, me llevan a hacerme varias reflexiones. La primera, es que sobre qué hemos puesto los cimientos de nuestra vida, y de qué forma lo estamos haciendo. Unos malos fundamentos, o unos malos materiales pueden dar lugar a un final desastroso, como estoy contando. Que nuestra vida acabe hecha una ruina, por no haberla puesto sobre quien en sí mismo es la roca, Cristo (1ª de Corintios 10:4)  y sus palabras, como Él mismo nos advierte en la parábola. Las personas pueden edificar sus vidas sobre diferentes fundamentos, unos más aceptables que otros, y otros menos. Pueden poner sus miras y el fundamento de sus vidas sobre la familia, tener trabajo, ganar mucho dinero sin importar de donde procede, subir escalones sin tener en cuenta a quien se le dañe para conseguirlo, etcétera. Unos nos parecerán aparentemente buenas formas de edificar una vida, y otros de todo punto inadmisibles para cualquier persona de bien. Pero todos son igualmente inaceptables ante los ojos de Dios. Él quiere ser nuestro fundamento, y que hagamos caso de sus palabras. No lo hace como un dictador, o porque necesite gente que le obedezca para sentirse bien. Lo hace porque cuando ponemos nuestra vida en sus manos, Él es quien cuida de ella. No nos ha prometido una vida sin problemas, pero sí que siempre estará con nosotros (Mateo 28:20). Todo puede desmoronarse en un momento dado, la vida está llena de incertidumbres. Nos fallan y fallamos a otras personas. Pero la persona que pone su confianza en el Señor, puede confiar en que, conforme a su promesa, Dios siempre nos cuidará.

La segunda reflexión tiene que ver con nuestras actitudes. Muchas veces, incluso siendo creyentes, tomamos una actitud indebida ante otras personas, o nos dejamos llevar por lo que dice la gente sobre determinados lugares o colectivos. Miramos solamente lo feo, o lo que nos quieren mostrar personas malintencionadas. Yo me he encontrado con versiones modernas de Santiago 2:1-10. Si nos presentan, o vienen a nuestras congregaciones personas de determinados sitios, ¿los avergonzamos haciéndoles comentarios o preguntas inoportunas sobre el lugar donde viven? ¿Dejamos que reinen en nuestra mente los pensamientos sobre todo lo que se dice o rumorea sobre ciertas personas o el lugar en donde viven? Hagamos morir en nosotros esas malas actitudes. Dejar lugar a ellas también es edificar sobre arena. La Palabra nos exhorta más bien, a edificar con el amor, la compasión y la comprensión. Jesús es el único fundamento estable, el único camino, y buscar cada día estar un poco más cerca de Él y del Evangelio es la única forma de edificar una vida correctamente.

  

Mª Auxiliadora Pacheco

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