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UN PALO QUE FLORECIÓ

Y la mayoría de los hermanos, cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones, se atreven mucho más a hablar la palabra sin temor. Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y rivalidad; pero otros lo hacen de buena voluntad.

Los unos anuncian a Cristo por rivalidad, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones; pero los otros por amor, sabiendo que estoy puesto para la defensa del evangelio.

¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo y me gozaré siempre. Filipenses 1:14-18.

 

Habló Jehová a Moisés y le dijo:

«Habla a los hijos de Israel, y toma de todos sus príncipes una vara por cada casa paterna: doce varas en total, conforme a las casas de sus padres. Tú escribirás el nombre de cada uno sobre su vara, y sobre la vara de Leví escribirás el nombre de Aarón, pues cada jefe de familia paterna tendrá una vara.

Las pondrás en el Tabernáculo de reunión delante del Testimonio, donde yo me manifestaré a vosotros. Florecerá la vara del hombre que yo escoja, y así haré cesar delante de mí las quejas que murmuran los hijos de Israel contra vosotros».

Moisés habló a los hijos de Israel, y todos los príncipes de ellos le dieron varas; cada príncipe una vara en representación de sus casas paternas: en total doce varas. La vara de Aarón estaba entre las varas de ellos.

Moisés puso las varas delante de Jehová en el tabernáculo del Testimonio. Y aconteció que al día siguiente fue Moisés al tabernáculo del Testimonio y vio que la vara de Aarón de la casa de Leví había reverdecido, echado flores, arrojado renuevos y producido almendras. Números 17:1-8.

 

Estos dos textos de la Palabra, separados por más de un milenio y medio de tiempo, hablan de un mismo tema, porque el corazón del ser humano no cambia en sus grandezas y miserias. El primero, a pesar de estar en una epístola muy citada, es poco conocido, y no sé si alguna vez he escuchado predicar sobre él en un púlpito. El panorama es el siguiente: Pablo estaba preso, y a pesar de todo conservaba su fe y su gozo en el Señor, que es de lo que habitualmente se habla cuando se cita esta epístola. Pero de repente aparecen estos versículos que parecen no concordar con el resto de la carta, hablando de cosas que no son bonitas.

Como es bien sabido, Pablo era un apóstol habitualmente con mucho éxito en sus predicaciones. A los creyentes que caminaban como es debido, este hecho les alegraba, porque el éxito de Pablo suponía la extensión del Evangelio. Estos, al ver a Pablo preso, no quisieron que parara la obra del Señor, y en lugar de acobardarse, tomaban ejemplo de la valentía de Pablo para seguir extendiendo el Evangelio.

Pero, ay, no todos tenían ese espíritu. A algunos el éxito de Pablo se les atragantaba, les daba envidia, querían ser como él, pero no para extender el reino de Dios, sino para tener el prestigio y la fama de Pablo como apóstol. Y se ponían a predicar con este corazón, para pisarle el terreno a Pablo, pensando que se sentiría triste y amargado. ¡Qué equivocados estaban! A Pablo lo que le importaba era que el Evangelio se extendiera, sin importarle los motivos, ni que se le disminuyera el terreno para predicar. Sabía en quien había creído, y que le había dado un ministerio y una misión que no terminarían hasta que Dios así lo decidiera. No le importaba el reconocimiento de los hombres, sino el de Dios. Y aquí paso al otro texto.

Durante la peregrinación de los israelitas por el desierto, se despertó en éstos la envidia y la rebeldía hacia Moisés y Aarón. Mucho antes del tiempo de Pablo, el corazón del ser humano ya era así. No podían soportar que hubiera otros a quienes el Señor les había dado unos dones y una función especiales en el pueblo de Israel. Pero era el mismo Dios quien les había dado esos dones y esa posición, no se la habían ganado ellos, por eso fue Dios quien los defendió, llegando a efectuar juicios muy severos contra los rebeldes. En medio de esta historia tan sombría, este pasaje cuenta la forma tan hermosa que Dios usó para indicar a los israelitas que había escogido a Aarón y sus descendientes como sacerdotes. Moisés tomó una vara, un palo seco en lenguaje llano, por cada una de las tribus de Israel. En la de la tribu a la que pertenecía Aarón, la de Leví, el Señor mandó grabar el nombre de Aarón. Después fueron puestas toda la noche delante del Arca de la Alianza, en el lugar donde la presencia de Dios se manifestaba, significando así que quedaban delante de Dios.

A la mañana siguiente Moisés fue a recoger las varas. Todas estaban igual que el día anterior menos una. ¡Oh, sorpresa, la de Aarón había cobrado vida durante la noche! La vara era un palo seco de almendro que había echado hojas, flores, y hasta había producido  almendras. Esto significaba que solamente sería bendecida la casa de Aarón con el don del sacerdocio, y que su ministerio sería fructífero.

Habitualmente se usa este pasaje para referirse a los dones de liderazgo. Pero también se refiere a todos los dones y capacidades que Dios da a sus hijos e hijas. Cuando Dios da un don, un ministerio a alguien, Dios lo bendice. Habrá personas que lo podrán envidiar, que querrán pisarle el terreno, como hicieron con Pablo. Pero la bendición de Dios solamente la tienen aquellos y aquellas a quienes Dios escoge. Esta es la marca de los regalos de Dios. Y cuando Dios da algo, nadie lo puede quitar, ni impedir que Dios lo haga fructificar.

Esto nos enseña varias cosas. Cuando sabemos lo que Dios nos ha dado, tenemos que aprender a mantenernos firmes en nuestro sitio, por muchas tentaciones que tengamos de defendernos a nosotros mismos. Lo que Dios da, Él lo bendice, y Él lo vindica. Y si no estamos seguros de aquello para lo que nos ha llamado el Señor, un buen consejo que se suele dar es empezar a trabajar allí donde falten manos. En aquello en lo que tengamos la bendición de Dios, será a lo que Dios nos llama. En lo que nos sintamos como palos secos, no nos ha llamado el Señor. En resumen, aprender a tener siempre puestas nuestra mirada y nuestras expectativas en el Señor. 


Mª Auxiliadora Pacheco

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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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