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TITIRITEROS

La mayoría de las personas, cuando nos relacionamos con nuestros semejantes, no buscamos más que el trato social o cumplir con nuestras diferentes obligaciones. Unas veces con mayor acierto, otras con menos, pero vamos por la vida sin segundas intenciones. Pero otras son muy diferentes. A lo largo de su existencia han ido desarrollando el arte de hacer que los demás hagan lo que ellas quieren. Y sin que la inmensa mayoría de las personas se dé cuenta de lo que hacen. Saben que hilos tirar para obtener los resultados que desean. Y que cada persona necesita que se le tiren de unos hilos diferentes, igual que las distintas marionetas necesitan un manejo apropiado según su forma y tamaño. Con ésta, funcionan mejor los halagos y una dulzura artificial, pero que tan bien imita a la verdadera que muy pocas personas detectan lo que hay debajo. A la mayoría de la gente, si quieres ganártela, basta con estarles regalando los oídos, diciéndoles lo que sabes que les gusta. Con la observación y la práctica, saben lo que cada cual más aprecia de sí mismo. Así que allá lanzan sus aparentes flores, diciéndoles lo buenos o lo hábiles que son en tal o cual cosa. Y quienes las aceptan, no saben que en realidad son garfios con los que están siendo sujetadas, o anzuelos de los que tirarán cuando crean conveniente. Con otras, lo que funciona es convertirse en el alma, no sólo de las fiestas, sino de cada grupo social. Una vez que aprenden lo que el grupo en el que estén funciona mejor, se ponen manos a la obra. Si funcionan los chistes, a ser el chistoso o chistosa, y qué clase de chistes son los que les gustan. Vamos, que hacen un doble papel, payasos y payasas además de titiriteros. Así consiguen más títeres con un menor esfuerzo, pues son un grupo entero. Y si no caen a la primera, irán cayendo uno tras otro, como fichas de dominó puestas en fila. Con esto no estoy criticando a las personas que son alegres, o poseen un carácter dulce de una forma natural. Lo que reprocho es a quienes lo hacen de una forma artificial con sus propios fines. Otra cosa entre las muchas que pueden imitar es una falsa humildad. Adoptan de manera deliberada la humildad y sencillez de un corderito. Y no es más que otro de los muchos anzuelos que hacen que los demás se traguen. 

Y una vez que han clavado sus garfios y anzuelos, tienen ya su dominio asegurado. Sin que apenas haya alguien que se percate, se convierten en reyes y reinas sin corona. Tienen muy claros sus objetivos, y ay de aquel o aquella que les estorbe o se niegue a convertirse en uno de sus títeres. Entonces, procederán a manejar sus títeres en contra del atrevido o atrevida que ose oponerse a ellos. Conocen de sobra cuales son sus mejores marionetas, y no dudarán en utilizarlas contra ellos. Con las palabras más dulces y su mejor sonrisa difamarán, contarán las cosas a su forma, etcétera. Así hasta hacerle pagar a la persona en cuestión su atrevimiento, aislarla, y si es posible, expulsarla del grupo de marionetas entre las que se mueve libremente. No pueden permitir que alguien escape de su dominio, ni que les estorbe a sus planes, ¡qué horror! 

A muchos titiriteros de ambos sexos he conocido a estas alturas de la vida. Antes lo eran sólo en su entorno más cercano, en el mundo real. Ahora tienen muchos más medios a su alcance para sus manejos: redes sociales, medios de comunicación de masas, etcétera. Los hay en todos los grupos y todas las clases sociales. Las iglesias tampoco están exentas de ellos. Tengamos, pues, sabiduría para no dejarnos manejar por otras personas, ni convertirnos en marionetas de cualquier titiritero con habilidad para utilizar a los demás con sus propios fines. Tengamos los ojos abiertos y el cerebro despierto, como las criaturas dotadas de libre albedrío que somos. Y por supuesto, ante cualquier acusación, no la admitamos si no está la otra persona presente para confrontarla con quien la acusa, y sin pruebas de lo que cuentan es como dicen.

 

 

Mª Auxiliadora Pacheco



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Mª Auxiliadora Pacheco Morente

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